Es el segundo día de ‘visita’ magisterial. Miles de docentes organizados tomaron la Plaza de la República. No fue a propósito, pero el Monumento a la Revolución se convierte en ominoso cómplice de una revolución inacabada que nos ha llevado a padecer las mismas iniquidades desde hace casi un siglo.

Los maestros salen a las calles en una clara afrenta a las autoridades, reclamando la injusticia que caracteriza a nuestro país. Con su paso cierran el Paseo de la Reforma. Histéricos automovilistas se entrampan en una lata in-móvil. Ladran insultos que se ahogan en el cristal. Un vientecillo helado hace tiritar a algunos marchantes y a quienes siguen la movilización con distintos fines. El sol quema, pero no calienta. Es una desazón contradictoria que solo hace más irritante la travesía.

Como aquellas aves que espulgan a los hipopótamos, un puñado de comerciantes ambulantes se mantienen cerca del contingente magisterial. Entonces, bajo una sombrilla azul, un hombre comienza a raspar el hielo y a colorearlo con pintura amarilla que -aseguran- sabe a rompope. A unos metros, un profesor con cuerpo de luchador compra una bolsita con chicharrones bañados en salsa picante. Échele más limón exige Troglo al comerciante. Sobre el piso descansan películas pirata, que nadie podrá atender sino hasta que llegue la tregua nocturna.

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De cerca, cientos de policías vigilan el paso de los inconformes con las mandíbulas apretadas.

A menos de un kilómetro de ahí, los lideres magisteriales se encierran con las autoridades responsables de la política interior del país. Será otra jornada de saliva derrochada. Los maestros, esos maestros de nombre nada más porque nunca han pisado un aula, exigen miles de plazas para sus agremiados. Pelearán por lograr el control administrativo que la federación les arrebató en lo que pomposa (y pírricamente) denominaron Reforma Educativa.

Ahora otra pausa. Salen a deliberar los maestros disidentes. Un gigante porta una playera que en el pecho lleva impreso el escudo del Sindicato Mexicano de Electricistas. Seguro lo hizo adrede, para que el subsecretario de gobernación lo vea. A varios metros, algunos reporteros fuman el hastío en que se ha convertido esta guardia. Tras largas horas han formado ya un montículo de colillas mugrientas.

Fieles a la instrucción de su jefe, los burócratas tratarán de hacer “política de la buena” (sea lo que eso quiera significar). Y los maestros insistirán en obtener la mayor cantidad de prebendas. La liga va y viene, pero aún no rompe.

Ignorando esta dialéctica, millones de profesores continuarán impartiendo clases en aulas abarrotadas, ajenos al conflicto oaxaqueño.

Mientras atestiguan las largas charlas que de manera tácita denominamos negociación, los reporteros han visto alargar las sombras de maestros y periodistas. Mientras se oculta el sol las aspas de un helicóptero nos recuerdan que esta espera no es un sueño ni una pesadilla. Es, si acaso, una especie de purgatorio donde nadie va a ningún lado.

Ocho horas y media después del inicio del diálogo, el gobernador de Oaxaca, Gabino Cue, decide informar a la prensa de los avances: se cotejaron cerca de 3 mil 600 plazas con “incidencias”. La CNTE asegura que se trata de maestros que sí trabajan, pero que no les pagan. Para eso se realizó el “cotejo”, suaviza el gobernador en un eufemismo con sabor a operación mercantil. Y es que horas antes el secretario de la sección XXII, Francisco Villalobos, hablaba de 7 mil plazas por regularizar. Cue no explica el método por el que las autoridades llegaron a la certeza de que esas plazas recién regularizadas corresponden a maestros que sí enseñan.

Foto: Especial
A partir del viernes se les regularizará el pago a los “incidentes/cotejados”. El gobierno de Oaxaca le ha endosado esta nueva nómina a las autoridades federales, quienes se encargarán del pago de las quincenas correspondientes a 2015, mientras que el gobierno estatal pagará las de diciembre de 2014.

Mañana se espera otra jornada de protesta, aseguran, mientras lo único que ocupa mi atención es el misterioso contenido de la nevera, que me aguarda en casa. La promesa del reinicio de clases vuelve a revolotear por los pasillos del Palacio de Covián. A ver.

Ángel Gallegos ( @gallegoso )

Gallegoso***NOTA DEL EDITOR: Ángel Gallegos es periodista, egresado de la UNAM. Actualmente es colaborador de portales noticiosos en Internet y desconfía de todo y de todos.