Un comando secuestra al director editorial del periódico El Mañana. La razón: haber publicado sobre las balaceras que mantienen aterrorizada a la población de Matamoros.

A Enrique Torres le dieron un levantón, lo golpearon y lo liberaron unas horas después. Los delincuentes lo amenazaron por haber difundido algo que todos sabían y que su diario solamente consignó.

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Los trabajadores de El Mañana solicitaron protección de las autoridades y éstas -faltaba más- se comprometieron a brindar garantías.

Los periodistas no descubrieron ningún secreto. En vastos territorios del país resulta un verdadero acto de heroísmo realizar una simple y puntual descripción de los acontecimientos que nos atribulan.

La alcaldesa de Matamoros, Leticia Salazar, pidió a la población protegerse ante las situaciones de riesgo. Y lo dijo tan campante, como si se tratara de una recomendación para evitar que a uno de le gripa durante un frente frío.

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Fuentes oficiales han reportado bloqueos en carreteras y vialidades de la ciudad fronteriza. En redes sociales, las personas denuncian enfrentamientos entre civiles y fuerzas armadas a cada rato.

Hasta el jueves, las autoridades habían confirmado el deceso de 14 personas en los últimos días en diversos enfrentamientos con elementos de la Marina Armada.

El Consulado de los Estados Unidos en Matamoros recomendó a sus trabajadores no viajar de su casa al trabajo debido al incremento de la violencia.

Nadie podría decirse sorprendido de lo que allá ocurre. La barbarie y la descomposición han ido permeando de forma lenta, pero inexorable hasta el tuétano, como si se tratara de un cáncer. No obstante, los delincuentes quieren callar a la prensa. Silenciar lo evidente. Sofocar los gritos y el rugir de la metralla. Es una especie de totalitarismo impuesto no desde el gobierno sino desde el nefando bando criminal.

Y sus torpes amenazas me recuerdan la fábula del pastor y la cabra: estaba un cabrero cuidando al rebaño de su familia. Impaciente por volver a casa, lanzó una piedra a una cabra que pastaba distraída en el prado. Con esa pedrada rompió uno de los cuernos del animal. Muy asustado, el joven pidió a la cabra perdonar su rudeza y guardar silencio sobre lo ocurrido. La cabra le contestó que nada diría sobre el incidente, pero ¿crees que el cuerno pueda guardar el secreto?

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¿Quién podrá guardar el secreto de Matamoros? ¿Callará el cuerno (de chivo)? ¿Dónde estará escondido el señor gobernador Egidio? ¿Qué hará ahora la súper Secretaría de Gobernación? ¿A cuántos elementos más mandará para paliar este malestar?

Porristas de lujo.

Ángel Gallegos ( @gallegoso )

Gallegoso***NOTA DEL EDITOR: Ángel Gallegos es periodista, egresado de la UNAM. Actualmente es colaborador de portales noticiosos en Internet y desconfía de todo y de todos.