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Como si se tratara de un cataclismo nacional, el gobierno federal se prepara para salvar a millones de mexicanos del apagón analógico. Por si usted, estimado lector, aún no lo sabe, el apagón analógico no es otra cosa que la salida del aire de la señal de televisión analógica que conocimos desde los inicios de la radiodifusión en México. Es decir, desde 1950.A partir de entonces, cualquiera que contara con una televisión y una antena podía sintonizar los canales de televisión abierta sin ningún costo ni dificultad -salvo la que representaba la cercanía y/o direccionamiento de la antena hacia el origen de la señal.

Ahora, la señal de los radiodifusores tiene otras características que suponen una capacidad de transportar mayor cantidad de información por las señales aéreas, lo que imposibilita puedan ser sintonizadas por cualquier televisor. Un video de alta definición, sonido de alta calidad, elección de idioma, subtítulos, guía electrónica de programación, servicios interactivos, visión multi-cámara para acontecimientos deportivos y beneficios a personas con capacidades diferentes, son algunas de las marcadas diferencias con la red de señales analógicas que están por fenecer.

De este modo, se requiere de un sintonizador digital, integrado en todas las pantallas planas que salen de tienda, al menos las que se comercializaron a partir de la entrada en vigor de la Norma Oficial Mexicana NOM-192-SCFI/SCTI-2013, en la que se estableció que los televisores que se comercializaran al público en el país debían contar con la capacidad de recibir, sintonizar y reproducir, cuando menos, las señales que se transmitan con el estándar A/53 del ATSC (Comité de Sistemas de Televisión Avanzada), siendo recomendable que cuenten con capacidad para recibir señales de video con el estándar A/72. En pocas palabras, debían ser capaces de sintonizar señales de televisión de alta definición y de definición estándar (HDT y SDTV, por sus siglas en inglés).

Pero si ustedes sienten mucho afecto por su viejo televisor, pueden comprar un sintonizador digital que convierta la señal para que sea apta para verse en su viejo monitor. No los culpo si quieren “hipsterear” un rato.

La muerte de la televisión analógica tiene fecha marcada, y esa fecha es el 31 de diciembre de este año.

“El acceso democrático a la información que brinda la Televisión Digital Terrestre (TDT), favorece el desarrollo social, la igualdad de oportunidades entre la población, así como el acceso a la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Por ello, este proceso de transición a la televisión digital constituye una prioridad del Gobierno Federal para que se lleve a cabo de una forma planificada y atendiendo a la población de escasos recursos que podría quedar excluida de estos beneficios”, así lo planteó la Secretaría de Comunicaciones y Transportes el 13 de mayo de 2014 en el Diario Oficial de la Federación. En esa publicación sentaron las bases para la transición de la vieja televisión a la nueva televisión.

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El caso es que, anticipándose a estas inconveniencias, el gobierno federal resolvió comprar y entregar a sus consentidotes ciudadanos más de 13 millones de pantallas. Para que nadie se quede sin ver sus programas favoritos. ¡Como los quieren muchachotes!

Se estima que en México existen 31 millones de hogares. La verdad es que en casa pueden faltar libros pero no una tele, como cariñosamente nombramos a ese maravilloso aparato que tantas horas de placer nos ha dado.

En una conferencia, el presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes del Senado, el panista Javier Lozano, demandó que no se hiciera un lucro electoral a partir de la entrega de televisores. Y es que el padrón de beneficiaros lo tienen las autoridades del gobierno federal.

“¿Se conoce ese padrón? Solo ellos. ¿Se puede tener acceso a ese padrón? Es imposible. Eso es cuanto a la transparencia”, así cuestionó el panista el método en que la Secretaría de Desarrollo Social entegará los aparatos.

El detalle que tiene a muchos con los pelos de punta es que sea precisamente en el 2015, año de la elección federal en la que se renovará la cámara de diputados, así como estarán en juego nueve gubernaturas, 993 alcaldías, 16 jefaturas delegacionales; así como la renovación de la Cámara de Diputados, la Asamblea Legislativa del DF, y 16 congresos estatales, que se decida hacer la entrega de los monitores.

“Ahora imagínense con una cajota que dice Mover a México, y una televisión. Ah pero no tiene fines ni tintes electorales”, ironizó Lozano Alarcón.

Cuando en el 2010 el presidente Felipe Calderón promulgó un decreto del inicio de la transición de un sistema de televisión analógico a uno digital -adelantando la llegada del apagón analógico cinco años- anunció programas para apoyar a los mexicanos más pobres dotándolos de nuevos decodificadores, pero la oposición criticó el esfuerzo.

Hoy no sorprende que exista suspicacia (sospechosismo, diría Santiago Creel) sobre el método en que se entregarán las nuevas teles. Por ejemplo, a los consejeros electorales y representantes de los partidos en el Distrito Federal les preocupa que la entrega de pantallas se convierta en una nueva clase de compra del voto durante estas elecciones.

Antes los partidos entregaban despensas a unos días de los comicios. Hoy el gobierno federal se encargará de entregar televisores. Muchos temen que se convierta en la compra de voto 2.0, por decirlo de un modo simplón. Resulta irónico que el presidente de la fotogenia se convierta en el encargado de lograr que millones de mexicanos zanjen el apagón analógico. Como si en cada monitor se vislumbrara la posibilidad de reproducir la popularidad del mandatario y su grupo en el poder. Y se haría con costo al erario. Aquí no hay altruismo. La brecha de la televisión digital se supera con recursos públicos, en el peor de los casos.

Para el representante del partido Movimiento Ciudadano ante el IEDF, Armando de Jesús Levy, existe el riesgo de que las pantallas se conviertan en los monederos Monex del 2015. Y no es para menos. Décadas de cuestionables movimientos electoreros nos harían suponer que lo más sensato sería postergar la entrega de las pantallas para después de las elecciones del 7 de junio. Pero el problema es que en nuestro país siempre es tiempo de elecciones y de candidatos. Y las decisiones públicas se toman entre jaloneos, como si se tratara de un auto cuya marcha ya no funciona de manera adecuada.

Si tienen tele (digital), ahí se ven.

Ángel Gallegos ( @gallegoso )

***NOTA DEL EDITOR: Ángel Gallegos es periodista, egresado de la UNAM. Actualmente es colaborador de portales noticiosos en Internet y desconfía de todo y de todos.