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Foto: El Universal

BAJO RESERVA

Ya es un lugar común entre funcionarios del Gobierno del DF cuando comienzan una conversación telefónica: “Saludos a quienes nos están escuchando”. Lo mismo ocurre a la despedida de la conversación: “Hasta pronto, a quienes nos están grabando”. Y no es una broma, es una realidad compartida en el equipo del jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera. Todos sospechan que han sido “alambreados”, que los escuchan y que graban sus conversaciones, nos dicen. Los casos más recientes y que han salido a la luz pública son los del ex oficial mayor del GDF, Édgar Armando González Rojas, y el todavía ex oficial mayor de la ALDF, Aarón Josué Ramos Miranda, quienes tuvieron que renunciar a sus cargos por sospechas de actos irregulares, por decir lo menos. El punto es que los dos pertenecían al círculo de Mancera, nos recuerdan. ¿De dónde vienen los pájaros en el alambre?

ESTEBAN MOCTEZUMA BARRAGÁN 

Grandes problemas surgen de la falta de comunicación original entre los mexicanos. Nacimos como un país integrado por varias naciones. Entre los mexicanos no hay una comunicación fluida porque el indígena piensa y siente distinto que el criollo y éste, que el mestizo. ¿Racismo en México? Somos un país tan racista que ni siquiera se habla de ello. Y quien se atreve a hacerlo, corre el peligro de ser tachado de lo que critica.

Por ello, una de las recomendaciones para ir enderezando el rumbo de nuestra nave es contar con políticas diferenciadas.¿Con qué objeto? Con uno muy claro: tratar desigualmente a los desiguales.

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Foto: La Jornada

ASTILLERO

El gurú Enrique llamó a la sociedad mexicana, y en particular a la guerrerense, a aplicar gel de tres colores a las heridas profundas causadas por hechos como los de Iguala y a ver hacia delante. Experto en prodigios (por ejemplo, el hallazgo, ¡en un hueco entre colchón y cama!, del cadáver de una niña larga y ampliamente buscada) y en manejo del dolor (dar por no existentes las graves afectaciones a los derechos humanos y los delitos violentos cometidos en San Salvador Atenco), el mexiquense Paolo Coopelas o Coello mostró en Coyuca de Benítez un extraordinario manejo de las circunstancias, al grado de proponer la conversión del plomo del pasado en oro del presente.

El voluntarismo mágico de Peña Nieto y su desafortunado exhorto a la evasión de responsabilidades (bajo la coartada fallidamente buena onda dever hacia delante) sólo contribuyen a exacerbar los ánimos de una parte activa de la sociedad que muy poco o nada cree en los discursos oficiales y en mendaces medidas o planes como los dados a conocer ayer mismo en Acapulco, bajo la sombrilla propagandística del Nuevo Guerrero.

BEATRIZ ZAVALA PENICHE

Anunciado por su cercano colaborador y secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, como un mensaje para solucionar aquellas cosas que no están funcionando, el decálogo del presidente Enrique Peña Nieto ha generado más dudas que respuestas y con la frase “todos somos Ayotzinapa”, empleada más que como la sincera reivindicación de quienes a diario la pronuncian, como un argumento central para recetarle a México una doctrina del shock, algo muy al estilo de las devaluaciones de los años setenta.

El tema central es la solución de una crisis que se está viviendo en México. Se plantea que para enfrentarla se requiere tomar medidas drásticas, definitivas y bajo ese argumento en un entorno de inconformidad social como el que estamos viviendo no en una región, sino en toda la nación, se han cometido los peores actos incluso en sociedades democráticamente superiores a la mexicana.

La propuesta se argumenta en la frase “todos somos Ayotzinapa”, que motiva, que es conocida y que suma. Pero no atiende los problemas desde su raíz. Por el caso Iguala se acusa a todas las policías municipales de México que si bien en muchos casos apenas y llegan a tener como elementos a desnutridos policías, en otras regiones se encuentran mejor entrenadas que algunas de las policías estatales.

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Foto: Especial

CARLOS PUIG

Le pregunté a Arturo Pérez Reverte sobre cómo veía el momento mexicano, él que hace 12 años publicó La Reina del Sur.

Aquí algunas de sus respuestas:

“Lo que más me entristece es que esto se veía venir. Cualquiera de nosotros, cualquier lúcido que miraba, que salía a la calle, y que veía gente que estaba con un peso, mientras en el restaurante de lujo salía a 2 mil pesos la comida, cualquiera se daría cuenta que esto no podía sostenerse. Lo triste es que todo esto se podía haber ido previendo”.

Afirma que se siente con derecho a decir esto “porque soy tan mexicano como ustedes, he escrito una novela mexicana y además de eso compartimos esa bandera común que es El Quijote y la lengua”.

Cuando le pregunto de seguridad, él me habla de desigualdad.

“No es sostenible un mundo en el que un hombre está ahí para ganarse un peso limpiando la llanta del coche y gracias patrón, mientras te mira y te dice patrón te mira con un… ‘si un día tengo un 30-30 vas a ver quién es el patrón’. En México son ya generaciones que no tienen esperanza alguna. Es que aunque trabaje, estudie, mis papás se sacrifiquen, vaya a las cuatro de la mañana en autobús para estudiar jamás saldré de la miseria.

Por: Redacción