Cd. de México (13 junio 2026).- Los que debieran ser días solo de entrenamiento para niños en Culiacán, se han convertido también en lecciones de supervivencia, mientras juegan los partidos en una cancha de la colonia Plutarco Elías Calles de Sinaloa.

Foto: RíoDoce

El sonido de las detonaciones interrumpió su juego y su reacción fue inmediata: tirarse al suelo y esperar a que todo pasara, según el diario Río Doce.

Entre los menores había niños de distintas categorías, algunos de apenas ocho años. La escena quedó en un video que luego se difundió, aunque quien captó el momento no buscaba documentar un hecho de violencia. Simplemente estaba filmando a su hijo durante el entrenamiento cuando los disparos irrumpieron la tarde de juego.

Para muchos de los presentes no era la primera vez que ocurría algo similar. Vecinos y padres de familia relatan que la cancha ha sido escenario indirecto de otros episodios violentos desde que la inseguridad recrudeció en Culiacán.

En una ocasión anterior, cuando fue atacada a balazos una vivienda ubicada a pocas cuadras del lugar, los niños también siguieron el protocolo que han aprendido con el paso del tiempo: agacharse y esperar.

Dalia, madre de un niño de ocho años, recuerda que su hijo no supo cómo reaccionar cuando escuchó las detonaciones. Desde que la violencia se intensificó en la zona, el menor ha desarrollado un fuerte temor a salir de casa y evita desplazarse sin la compañía de sus padres.

Aquí sí se escuchan muchos hechos de inseguridad. Mi hijo llegó a un punto en que ya no quería salir porque le daba miedo. Pero tampoco podemos mantenerlos encerrados todo el tiempo”, cuenta.

Cuando comenzaron los disparos, Dalia le hizo señas para que se tirara al suelo. Otros menores corrieron desorientados hasta que el entrenador intervino con un silbatazo y les ordenó resguardarse.

Foto: Debate

Según vecinos, todo ocurrió en cuestión de segundos, apenas un par de ráfagas que bastaron para sembrar el miedo. Después vino el silencio y las lágrimas. 

Algunos niños estuvieron a punto de llorar. El entrenador decidió reunirlos y hablarles de futbol para distraerlos y ayudarlos a recuperar la calma antes de que regresaran a sus hogares.

Una experiencia similar vivió Guadalupe, padre de uno de los menores. Al escuchar las detonaciones desde otra parte de la colonia, corrió hasta la cancha para buscar a su familia.

Se escuchó muy cerca y me asusté. Cuando llegué vi a todos tirados en el suelo y pensé lo peor”, relata. Más tarde supo que los disparos estaban relacionados con un ataque armado ocurrido en las inmediaciones.

Ana, otra de las madres presentes, alcanzó a cubrir a su hijo de ocho años y a un bebé que llevaba en brazos. Asegura que cualquier madre habría actuado de la misma manera.

“Es indignante vivir siempre a la defensiva. Sales de tu casa sin saber si vas a regresar. Pero tampoco podemos encerrar a nuestros hijos. Necesitan hacer deporte, ir a la escuela, convivir y tener una vida normal”, lamenta.

Las canchas deportivas fueron rehabilitadas como espacios de convivencia para niñas, niños y jóvenes. Sin embargo, la inseguridad sigue imponiendo sus propias reglas.  Los balones continúan rodando, pero el miedo permanece presente en cada entrenamiento.

Con información de Río Doce

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