Titulares

Foto: Especial

BAJO RESERVA

El caso Iguala, la presunta asociación entre el ex edil del PRD José Luis Abarca y el crimen organizado, caló tan hondo en distintas áreas de algunos gobiernos que una denuncia anónima en internet contra el oficial mayor de la Asamblea Legislativa del DF, Aarón Josué Ramos Miranda, fue suficiente para la caída de este funcionario, muy cercano al líder de la ALDF, el perredista Manuel Granados. Los altos mandos del órgano legislativo tomaron la decisión de que don Aarón Josué presentara su renuncia para que aclare las versiones de su presunta relación con supuestos miembros de la delincuencia, y explique el origen de su patrimonio. ¿Será pura precaución de la Asamblea o tendrán algún dato para haber tomado la decisión de separar del cargo a su oficial mayor? Es el segundo oficial mayor que cae en las últimas semanas; el primero fue Édgar Armando González, del GDF.

JOSÉ GONZÁLEZ MORFÍN

La crisis desatada por la tragedia de Iguala cumple más de dos meses y no da signos de encontrar una salida. Se esperaba mucho del anuncio del presidente Enrique Peña Nieto del pasado jueves 27, pero las soluciones ahí planteadas fueron recibidas con enorme escepticismo. El daño a la credibilidad presidencial es lo suficientemente grande como para opacar las iniciativas que se anunciaron ese día, especialmente aquellas relacionadas con la corrupción. El enojo de la sociedad crece y la reacción del gobierno parece oscilar entre la parálisis y la represión. Prueba de ello fue el arresto y liberación sin debido proceso de un activista el pasado fin de semana, una medida torpemente ejecutada que sólo ha echado más leña al fuego.

A este escenario de descontento social y marasmo político se suman serias preocupaciones sobre el rumbo de la economía nacional. Ésta simplemente no se recupera del golpe que significó el aumento de impuestos para el consumo y la inversión, ni de la falta de oportunidad y vigor en el gasto público. El tipo de cambio sube, las expectativas de crecimiento bajan y las promesas de los efectos positivos de la reforma energética se nublan a medida que se desploma el precio del petróleo.

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Foto: La Jornada

ASTILLERO

Diputados convertidos en trajeados granaderos que pretenden encapsular el derecho a la expresión pública de las inconformidades, utilizando como presunto justificante de sus decisiones provocadoras la movilidad y la ecología, al facultar a las autoridades gubernamentales a la virtual prohibición (encapuchada deregulación) de las manifestaciones públicas.

Falta la aprobación del Senado (donde le es más fácil al PRI imponer su voluntad, con panistas y perredistas alineados y la presidencia fársica de Héctor Miguel Bautista), pero ya en San Lázaro se confirmó la calculada intención del peñismo y sus aliados de generar un clima propicio para la cancelación de libertades de expresión y manifestación, a partir de los infiltrados, la provocación y los medios de comunicación que prefieren destacar los episodios violentos y no las marchas pacíficas. El gobierno federal, y su comisionado para el Distrito Federal, el mal procurador Miguel Ángel Mancera, han promovido o cuando menos han dejado correr la película de los destrozos, los incendios y la sangre para tratar de justificar medidas como la autorizada ayer por una de las dos cámaras legislativas.

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Foto: Especial

JUAN IGNACIO ZAVALA

Un día estamos en la tragedia demencial del crimen y al otro en la patética carpa de nuestras contradicciones. Nos movemos de manera extraña y ambivalente. Exigimos alto a la violencia en marchas y no se ven pancartas de rechazo a los encapuchados que la ejercen. Nadie exige que detengan a los narcos. Queremos que el Presidente arregle el municipio, pero que respete el pacto federal. La oposición ve de lejitos para no ser juzgada, cuando en cualquier país este sería el momento opositor. Rechazamos a los violentos, pero no queremos que la policía levante sus macanas. Detestamos a la clase política, pero ni siquiera somos capaces de señalar quién es nuestro diputado. Los policías son tundidos por los aficionados de un partido de futbol. Tenemos una autoridad que tiene miedo de serlo. Exigimos la verdad pero estamos dispuestos a creer lo más disparatado, quizá porque a nuestras tragedias le siguen los disparates.

Algo pasa que ni nuestros delincuentes son los que pensamos. Los Abarca, pareja criminal que ordenaba muertes sin piedad, amos y señores de Iguala, huyeron de la ley. Fueron encontrados vestidos de manera formal en la madrugada. No sabemos si el ex alcalde dormía con saco por si se le ofrecía salir a un evento, dar una declaración o entregarse a las autoridades. Sorprendente por ridículo. Nuestros anarquistas tienen también su versión pacotilla. Poseedor de nombre revolucionario como el que más, el joven Sandino lanza bombas Molotov a diestra y siniestra, se manifiesta contra el Estado, organiza y participa en disturbios, es anarquista, promueve la defensa de su identidad encubierta y el ejercicio de actos violentos. Es un vándalo, un anarquista, un delincuente, un aspirante a terrorista al que ¡lo va a recoger su mamá! Ya no los hacen como antes, ni hablar.

CARLOS PUIG

No hay mejor receta para el inmovilismo que la circunstancia actual: un Presidente tocado por el escándalo, con los peores números de aprobación en la historia de esas mediciones. Dos partidos de oposición desfigurados y en crisis internas y unas elecciones en el horizonte. No hay incentivo para trabajar. En el fondo, la oposición está encantada viendo el declive de la imagen presidencial; los legisladores y gobernadores priistas no tienen demasiados incentivos para embarcarse, al lado de un Presidente impopular, en nuevas aventuras legislativas que si van en serio tienen costos y generan enemigos.

Así las cosas, cercana la pausa navideña, no sería extraño que estuviéramos viviendo el inicio de cuatro años de mediocre, mediocrísima normalidad. Un poco más jodida que la de la última década.

No recuerdo quién decía de los periódicos mexicanos que nunca cierran, nomás se pudren. Me temo que pronto podría aplicarse el país… no se acaba, no implosiona, no cambia, no avanza… nomás se va pudriendo así, poco a poco.

Por: Redacción