Ciudad de México, México (10 de Noviembre de 2020).- Una violencia fuera de lugar, “sin permiso de nadie” alegan las autoridades ante la brutal agresión ocurrida la tarde noche de este lunes para reprimir a las feministas, compañeros y simpatizantes de la jovencita asesinada, Bianca Alejandrina Lorenzana Alvarado.

Cuerpos policiacos pertenecientes al Mando Único Policial, arremetieron en contra de los manifestantes que ya habían tomado algunas áreas del Palacio Municipal.

Con armas de grueso calibre, macanas y escudos antimotines, la fuerza policíaca arremetió en contra de todos los presentes lesionando a una civil y dos compañeros periodistas que cumplían con su labor informativa.

La brutalidad policíaca evidenció la falta de una estrategia operacional para el manejo de manifestaciones violentas como se presentaba en ese momento.

Sin medir las consecuencias utilizaron sus armas para amedrentar a los rijosos que ya empezaban a incendiar algunas oficinas municipales, producto de una ira reprimida a consecuencia de la frustración ante el incremento de la violencia en este municipio y que se ha ensañado principalmente con las mujeres.

No tardó la dispareja refriega en mostrar los resultados de la absurda violencia desplegada; el sonido de los balazos inundaban la mítica Plaza de la Reforma, la gente huía en desbandada por la caída de lesionados productos de los golpes y disparos que los venían acompañando.

La confusión hizo mella en los presentes al empezar a rescatar a los heridos ante la arremetida de los efectivos policiacos que se apoderaban de las mejores posiciones en el Palacio Municipal.

Minutos donde prevaleció el caos, los gritos de ayuda y los rostros estupefactos de los agredidos, que no daban crédito a lo que se vivía con tanta crueldad en esos momentos.

De inmediato a los hechos sangrientos, los cuerpos de seguridad se replegaron mientras la confusión, el miedo y la zozobra, hacían presa de los presentes en el centro de Cancún.

Y casi inmediatamente, tanto el gobernador del estado, Carlos Joaquín González y la presidenta Municipal de Benito Juárez, Mara Lezama Ledezma, se deslindaron con prontitud de haber dado la orden para repeler a balazos y golpes a quienes habían causados destrozos en algunas partes del Palacio Municipal.

El Mando Único Policial de Quintana Roo, ha sido reprobado y quedó exhibido ante la brutalidad ejercida al evidenciar el fracaso de nuestras autoridades estatales, en materia de seguridad.

Grave medida tomada por un alto mando policial que hoy sabemos se trata del Secretario de Seguridad Pública de Cancún, Eduardo Santamaría Chávez, ante la ausencia de su titular Alberto Capella Ibarra, quien por motivos personales no se encontraba en el estado, por el fallecimiento de su señor padre.

Sin embargo, hay tres heridos  de bala y más de 15 personas lesionadas, producto de los balazos y golpes recibidos de manos de cuerpos policiacos incapacitados y sin el más mínimo respeto a la vida humana.

La nula preparación mostrada ante manifestaciones sociales legítimas, producto de un hartazgo a la impunidad que hoy pulula incansablemente en nuestra entidad, es una muestra clara del fracaso de Carlos Joaquín González, en materia de seguridad.

Su absurdo Mando Único Policial, tal parece que se creó para alimentar el voraz apetito de su titular Alberto Capella Ibarra y no para remediar el desastre heredado de anteriores administraciones.

No son efectivos en la prevención de delitos, mismos que han generado el incremento de la violencia en toda la geografía estatal.

Los delitos de alto impacto son pan de cada día, la comercialización de drogas, asaltos a mano armada, las ejecuciones abundan en la mayoría de los municipios, así como el cobro de piso y secuestro.

Con un millonario presupuesto que rebasa los treinta mil millones de pesos anuales, el Mando Único Policial, ha servido exclusivamente para el lucimiento personal de su titular, Alberto Capella Ibarra, quien lo utiliza para manejar cifras alegres en la búsqueda de otro puesto al finalizar este sexenio y “apapachar” a sus amigos de la capital del país. 

La desaprobación en materia de seguridad por parte de la administración de Carlos Joaquín González, ya no puede ser adjudicado a “fantasmas” del pasado, el cual en repetidas ocasiones ha hecho uso para esconder la incapacidad mostrada a lo largo de su gestión.

Hoy, es momento de asumir la responsabilidad que le corresponde ante casos de extrema gravedad, como los hechos ocurridos la tarde noche de este lunes, en donde se ha escrito un capítulo negro en la historia de la vida social del primer polo turístico del país y de Quintana Roo en su conjunto.

No se trata de buscar y encontrar culpables para acallar las muestras de rechazo a una sociedad agraviada por su decepcionante e incapacidad de quienes la tienen a su cargo, se trata de remediar a la voz de ya, los feminicidios y otro tipo de delitos que hoy mantienen cautivo a Quintana Roo.

La destitución del titular de Seguridad Pública de Cancún, Inspector Eduardo Santamaría Chávez, tan sólo es una pequeña raya a un tigre que hoy amenaza con devorarse al propio gobernador del Estado.

El responsable de esta crisis de seguridad que ha impactado negativamente en la imagen turística y de la sociedad en su conjunto, tiene nombre y apellido; Carlos Joaquín González, lo sabe y es Alberto Capella Ibarra.

Si en verdad el titular de Seguridad Pública Estatal, tiene un tantito de dignidad, debería de renunciar ante la incapacidad mostrada en contingencias de extrema peligrosidad, para no seguir dañando la imagen de una administración que empieza a hacer agua en la recta final de su gestión administrativa.

Cambio 22