Por: Saúl Ventimilla Contreras (@Saulvc_90)

Ciudad de México (10 de julio de 2016).- Existen ocasiones en la que la realidad supera la ficción. Después de que el jueves 23 de junio Gran Bretaña decidiera salir de la Unión Europea, confirmamos, una vez más, que la historia se repite.

Y se repite porque, en abstracto, no es la primera vez que la irracionalidad colectiva supera la racionalidad individual generando, en consecuencia, que el nacionalismo y la estulticia tiren, de golpe, todo lo construido durante los últimos 70 años.

El impacto del Brexit, aunque limitado por ahora al tipo de cambio, aumenta la posibilidad de un efecto dominó que podría desencadenar en una nueva crisis mundial.

En particular, el comercio internacional (es decir, el libre comercio) es uno de los pilares de la economía actual, y cuyo gran resultado, la globalización, nos ha dado grandes beneficios para todos (aunque algunos lo quieran negar).

El libre comercio se fundamenta en el hecho de que ciertos países son mejores para producir unas cosas y otros países, otras. Como resultado, es conveniente para todos, económicamente, el intercambio de bienes. El beneficio directo es que los bienes tienen un costo de producción menor y por ende el precio al consumidor es menor.

David Ricardo, economista inglés, fue la persona que presentó esta teoría, generalmente aceptada por los economistas y la Ciencia Económica en sí. Resulta curioso que los mismos ingleses desecharan su teoría debido al enojo (¿o miedo?) generalizado que conlleva el libre comercio y tránsito de personas. El ultranacionalismo ha resurgido, ahora en un pueblo históricamente racional.

Más cerca de México…

Lo anterior me da la sensación paranoica del siguiente escenario para los siguientes meses: Donald Trump, una mezcla de Andrés Manuel López Obrador y Adolfo Hitler, tiene en su agenda la renegociación del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte).

Este personaje asegura que regresará a Estados Unidos todos los trabajos que han sido enviados a otros países (el famoso outsourcing). No sólo aumentarán los costos de producción de todos los bienes, sino que también generaría una crisis de una magnitud parecida a la de 1930 y que desemboca en la única forma por la cual el nacionalismo reactiva la economía: guerra.

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Esperemos que la racionalidad triunfe en Estados Unidos a diferencia del Reino Unido. Por ahora, el alza de tasas del Banco de México fue una decisión acertada dada las expectativas económicas en el corto plazo: lo hicieron para recuperar alguna munición ante cualquier choque adverso que pudiera suceder en los siguientes meses.

Dicha acción, aunque de manera inmediata apreció el peso, durante la última semana se depreció debido a lo mismo que les comenté en mi primera columna: la especulación contra el peso y el sentimiento de aversión al riesgo contra países en desarrollo. 

No dudemos que hasta que se sepa quién gobernará en Estados Unidos los siguientes 4 años, el peso estará por encima de los 18 pesos por dólar.

P.D. En un mundo de libre comercio y democracia, no hay incentivo para la guerra y la conquista. Ludwig Von Mises

Saúl Ventimilla, Licenciado del ITAM en Economía con especialidad en Finanzas, hace este análisis para Irving Pineda.