Los partidos políticos toman sus decisiones con base en un cálculo pragmático: la selección de su candidatos será prefiriendo a quien se encuentre más adelantado en las encuestas que mandan hacer.

Poco importa que el Malo Conocido sea prácticamente un impresentable. Si es capaz de movilizar suficientes intenciones de voto, seguro tendrá cabida en la contienda por un puesto de elección popular.

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Hoy, los candidatos no se definen por sus capacidades sino por las bases que sean capaces de movilizar o por el dinero que puedan conseguir para sostener ese castillo de naipes que se erige en cada proceso electoral.

Desde hace mucho tiempo se habla de una democracia secuestrada por los partidos políticos. El hecho de que tengamos una sociedad sumamente politizada pero -¡oh contradicción!- muy poco participativa en los procesos de toma de decisiones, nos lleva a procesos electorales que terminan siendo marcados por una apabullante abstinencia o por un descarado acarreo hacia las urnas.

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Y aunque sería fácil suponer que los partidos políticos están preparados para competir en su interior por presentarnos al mejor de los candidatos, en la realidad solo están obligados a competir contra los otros partidos políticos. Confían en que su abanderado pueda vencer al del partido de enfrente sin importar si en realidad tienen alguna afinidad con los ciudadanos a quienes habrán de representar.

Hoy, la tendencia apunta a que, más que fortalecer los filtros previos, dejarán en las manos de las autoridades federales el palomeo de los próximos candidatos.

Autoridades de seguridad

La copresidente de la Conferencia Nacional de Municipios de México (CONAMM), Leticia Quezada, expresó su deseo de que existan filtros a la hora de elegir candidatos. Todas estas expresiones son desiderativas, no explicativas -lamentablemente.

Decía Giovani Sartori que la finalidad de un partido político es ser competitivo durante los procesos electorales. Esto parece ser aún más vigente cuando sus candidaturas están hechas a base de puro dedazo redentor o por la dictadura de las encuestas realizadas entre cuates y afines.

Tras encabezar un Congreso Internacional Sociedad Civil y Partidos Políticos, el presidente del PRI, César Camacho, aseguró que lo que México necesita es una relación más madura entre la sociedad civil y los partidos políticos. Una relación de menos sospecha.

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La sabiduría popular suele responder estos desvaríos con la sorna de nuestros refranes: “la mula no era arisca”.

Pero el líder priísta se colmó de aseveraciones en Twitter, pues su partido está tan abierto a la ciudadanía que respaldará candidaturas con las que coincida la línea del partido -por supuesto-

“Los partidos nos tenemos que poner mucho más listos si queremos ganarle a un candidato independiente”, añadió Camacho (claro si es que dejan participar al “independiente”)

Durante la sesión del miércoles el Consejo General del INE, el consejero Santiago Castillo señaló que los partidos tienen la obligación de que sus candidatos no tengan vínculos con grupos criminales.

Nunca se dijo que posterior a la elección no puedan hacerse de vínculos perniciosos. Pero se sobreentiende, ¿verdad?

Por lo pronto, el dirigente nacional del PRI ya advirtió a sus huestes que quien quiera ser candidato podría ser sometido al antidoping.

A mí, la mera verdad, la adicción que más me preocupa no es por las sustancias que se metan sino la proclividad a atascarse de dinero público y también del mal habido.

¿Para qué quieren coca si con el rush que te da el dinero y el poder es más que suficiente?

La inversión millonaria

350 millones de pesos será el crédito que pida el PRI para el proceso electoral 2015. Es una inversión infalible: no necesitas tener un producto de calidad cuando le pagas al posible “comprador” por llevárselo.

La fuerza de los partidos políticos viene de las mayorías que los siguen. ¿Cómo compiten? Se pregunta Giovanni Sartori y responde a continuación: Prometiendo ventajas y beneficios a los gobernados.

Al interior, los partidos políticos buscan ser un organismo ordenado y eficiente. Es contra los otros partidos contra los que tendrán que competir durante el proceso electoral.

“En la medida en que cada minoría (partidos) pueda ser organizada en su interior de manera oligárquica, así también el resultado de su encuentro competitivo será una democracia”. (Sartori, ¿Qué es la democracia? p.155 2003)

Durante el acalorado debate en el Instituto Nacional Electoral sobre la corrupción en los partidos políticos, los priístas aseguraron que la verdad sobre escándalos sobre la casa blanca y los vínculos entre políticos y criminales se demostrará en las urnas. Al parecer tienen mucha fe en los resultados electorales. Como si al obtener una arrolladora victoria lograran borrar toda mácula corruptora y toda suspicacia desestabilizadora.

¿Está la democracia secuestrada?

Al final, nos están dejando a los electores el (ilusorio) poder de decidir. El problema llega cuando nuestro poder definitorio se reduce a escoger entre el menos malo y no a quien quisiéramos nos representara.

Tal vez -y sólo tal vez- la respuesta no debiera provenir de los mismos políticos, quienes ya llevan demasiado tiempo mirándose el ombligo sin rendir resultado alguno, sino de los ciudadanos hartos de mantener a una obesa y podrida clase gobernante.

La pantalla de oro

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Según la declaración patrimonial del presidente, ni vendiendo todas sus propiedades podría comprar el polémico nido para su ave piscívora.

Ahora entiendo por qué tantas jovencitas mueren por salir en la pantalla chica.

Ángel Gallegos ( @gallegoso )