Cd. del Vaticano (21 abril 2025).- La muerte del papa Francisco ha desencadenado un período de luto en el Vaticano y señala el inicio de un proceso milenario de elección de un nuevo pontífice. Un procedimiento de gran tradición, pero sutilmente actualizado para el mundo moderno.

Se trata de un período entre la muerte de un papa y la elección de otro, denominado como “interregno papal”.
Los cardenales deben decidir ahora la fecha exacta del funeral y, posteriormente, el inicio del cónclave.
Sin embargo, gran parte del calendario está predeterminado; la muerte del papa desencadenó nueve días de luto conocidos como los Novendiales, y el papa debe ser enterrado entre el cuarto y el sexto día después de su fallecimiento.
El cuerpo del papa también deberá ser exhibido en la Basílica de San Pedro como muestra de luto, y se celebrará una misa cada día.
Así como los dolientes hicieron filas kilométricas para ver el cuerpo del papa Juan Pablo II, último en ejercicio que falleció, en 2005.
Luego, todos los cardenales menores de 80 años se reunirán en el Vaticano para elegir al sucesor de Francisco.
Por lo general, la elección de un papa demora entre dos y tres semanas luego de la muerte de su predecesor, aunque el plazo puede extenderse un poco más si los cardenales tienen dificultades para ponerse de acuerdo sobre un candidato.

Últimos días del papa al servicio de la Iglesia
El papa Francisco pasó sus últimos días al servicio de la Iglesia, participando tanto como pudo en la celebración de la Pascua, el punto culminante del calendario cristiano.
La Pascua es la fiesta más importante del calendario cristiano y, si bien el pontífice de 88 años no dirigió los principales servicios de Semana Santa y Pascua, sí hizo breves apariciones.
El jueves, Francisco pasó 30 minutos en una prisión de Roma.
El sábado por la tarde el pontífice visitó la Basílica de San Pedro.
El domingo, deleitó a la multitud después de dar la tradicional bendición de Pascua desde el balcón de la Basílica de San Pedro.
Ofreció el urbi et urbi a la ciudad de Roma, y al mundo, mientras un asistente leía su discurso. Solo el papa puede ofrecer esta bendición, que incluye el ofrecimiento de una indulgencia, la remisión de los pecados.
Su voz sonaba débil, pero apareció sin la cánula nasal que llevaba puesta para recibir oxígeno.
Más tarde saludó a la multitud que lo vitoreaba en la Plaza de San Pedro desde el papamóvil, la primera vez que lo hacía desde su hospitalización.
Agencias