Cd. de México (10 noviembre 2019).- Evo Morales, el primer indígena que tomó las riendas de Bolivia y las mantuvo durante casi 14 años, anunció el domingo su renuncia a la presidencia, al no resistir la creciente presión y las violentas protestas por su cuestionada victoria en las elecciones del 20 de octubre, empañadas por acusaciones de fraude.

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La decisión se produjo después que Morales ofreció celebrar nuevas elecciones y renovar el organismo regente del voto luego que un informe preliminar de la Organización de los Estados Americanos (OEA) determinó irregularidades en el cómputo de la contienda y señaló que debían realizarse nuevos comicios.

Durante la jornada, el jefe máximo de las Fuerzas Armadas instó a Morales a renunciar a favor de la pacificación del país, lo que también precipitó la salida del gobernante de 60 años.

“Estoy enviando mi carta de renuncia a la Asamblea Legislativa de Bolivia… no queremos que haya enfrentamientos”, manifestó el mandatario desde su reducto del Chapare, en el centro del país, en un mensaje televisado.

Su dimisión, que debe ser aprobada por el poder legislativo, dejó un vacío temporal en el poder debido a que los funcionarios que deberían sucederlo de acuerdo a las normas del país –el vicepresidente y la presidenta del Senado– también dejaron sus cargos.

Morales aseguró que, con su renuncia, se consumaba el “golpe de Estado que hemos venido denunciando desde el 21 de octubre”, un día después de los polémicos comicios. Pero su dimisión desató festejos en las calles y plazas de La Paz y otras ciudades del país. Un grupo de manifestantes se apostó frente a la casa presidencial y quemó un féretro para simbolizar el fin de su gobierno de casi tres lustros.

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Poco después, desde su cuenta de Twitter Morales, denunció:

“Ante el mundo y pueblo boliviano que un oficial de la policía anunció públicamente que tiene instrucción de ejecutar una orden de aprehensión ilegal en contra de mi persona; asimismo, grupos violentos asaltaron mi domicilio. Los golpistas destruyen el Estado de Derecho”.

El comandante de la policía Yuri Calderón negó la existencia de una orden de aprensión.

Algunos gobiernos aliados al líder indígena lamentaron la salida de Morales. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, condenó en Twitter lo que describió como un golpe de Estado contra “el hermano presidente” y dijo que “los movimientos sociales y políticos del mundo nos declaramos en movilización para exigir la preservación de la vida de los pueblos originarios bolivianos víctimas del racismo”.

El secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, dijo en su cuenta de Twitter que México “mantendrá su posición de respeto a la democracia y las instituciones. Golpe no”.

La embajada de ese país informó que 20 funcionarios del gobierno depuesto se asilaron en su sede de La Paz.

El gobierno de Argentina llamo a la paz en Bolivia y pidió a la comunidad internacional acompañar los futuros comicios.

En la noche, la tensión aumentó particularmente en La Paz y El Alto, donde hubo saqueos y quemas de propiedades públicas y casas de algunos opositores. De igual forma, Morales denunció ataques a propiedades de sus familiares y colaboradores. Su casa en Cochabamba fue apedreada. Además, el canal estatal interrumpió su transmisión.

La renuncia se produjo después de masivas movilizaciones en todo el país que lo acusaban de haber montado fraude para reelegirse a un cuarto mandato y tras perder el apoyo de policías y militares en los últimos días.

Pero el informe de una Comisión de Auditoría de la OEA, conocido el domingo temprano y que destacó que había observado “montón” de irregularidades en los resultados de la elección presidencial, fue uno de los factores que precipitaron la salida del mandatario.

Morales anunció, después de conocerse ese informe, la convocatoria de nuevas elecciones, pero ello no logró calmar los pedidos de renuncia en su contra, a los que se sumaron las Fuerzas Armadas del país y renuncias en su gabinete ministerial.

La policía también detuvo la tarde del domingo a la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), María Eugenia Choque, y al exvicepresidente de ese órgano Antonio Costas, después de que la Fiscalía General anunciara el inicio de “acciones penales por delitos electorales” en su contra.

Tras la renuncia y cuando la gente festejaba en las calles agitando banderas.

El exmandatario Carlos Mesa –segundo en la contienda presidencial según los cuestionados cómputos– había manifestado antes su rechazo a que Morales se volviese a postular en unas nuevas elecciones e instó a la Asamblea Legislativa a convocar un “acuerdo nacional” con participación de partidos de la oposición y líderes cívicos para elegir un nuevo juez electoral y definir un cronograma de los futuros comicios.

Mesa es un historiador de 66 años que renunció a la presidencia en 2005 en medio de un estallido de manifestaciones lideradas precisamente por Morales, entonces líder de un sindicato de cocaleros.

Las sospechas de fraude denunciadas por la oposición desataron la convulsión social hace dos semanas en Bolivia, con protestas a favor y en contra de Morales.

La situación se tornó más explosiva desde el viernes con el amotinamiento de la policía en varias regiones del país.

Tras casi tres lustros en el gobierno, Morales llegó con la popularidad mermada a los comicios para optar por un cuarto mandato. Escándalos de corrupción, su afán de reelegirse a pesar de un referendo que le negó esa posibilidad y acusaciones de autoritarismo, debilitaron su capital político a pesar de su buena gestión económica que condujo al país andino hacia el crecimiento con baja inflación.}

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Morales dijo que volverá a sus bases, en el Chapare, donde lideró al combativo sindicato cocalero desde donde se catapultó a la política, primero como diputado en los años 90, y luego a la presidencia del país.

 “Vuelvo a mis bases que nunca me abandonaron”, señaló, acompañado del vicepresidente Álvaro García, que era considerado el cerebro del gobierno y que también dimitió.

Morales envió un mensaje:

“El sistema capitalista no es una solución para la humanidad”.

 “Aquí no termina la vida”, destacó. “La lucha sigue”.

 

AP