Los priistas salieron con una serie de compromisos que responden, se amoldan, respaldan y se cucharean con el decálogo presentado el pasado jueves por el presidente de la república, el licenciado Enrique Peña Nieto.

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Denominaron a esta estrategia Por un México con Seguridad, Justicia y Paz. Con esta serie de pasos transitaremos de un estado sombrío y sospechoso a uno que pueda garantizar el Estado de Derecho. O algo así.

Lo que los corazones tricolores aún no han entendido es que la crisis que provocó la clase política no se resuelve de un plumazo ni con declaraciones transformadoras y edulcoradas. Ni a base de cañonazos al Congreso, para que apruebe un montón de leyes que de todos modos serán incapaces de hacer cumplir.

Mientras no se comprometan -con hechos y no con palabrería absurda- a combatir la corrupción, ninguno de los males que nos aquejan cambiará.

Aún así, estos cuates se atrevieron a redactar y, peor aún, publicar esta carta de buenas intenciones de las cuales rescato unas cuantas perlas que arrojaron a los cerdos malintencionados, como yo. Y esto lo haré para desmitificar la retórica populista y verborreica y derrotar con ello a la Tecnocracia Malvada Que Oprime Nuestros Corazones. Dicho esto, venga mi verborrea:

En su capítulo sociedad segura, el partido en el poder señala que promoverá en las legislaturas locales la incorporación de la figura del Asesor Victimológico. También llevará a cabo campañas, seminarios y cursos para la cultura de la legalidad.

¡Carajo! ¿Te imaginas, estimado lector, que estás tomando un curso sobre cultura de la legalidad. Desvías la mirada del pizarrón y miras por la ventana, en el edificio de enfrente, a Humberto Moreira blanquear unos cuantos millones de pesos en su perfectamente marcado abdomen de lavadero?

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¿Un asesor victimológico que atienda a las víctimas victimizadas por los abusos de este victimario gobierno? Ni el Doctor Chunga lo hubiera podido complicar más. Si en primer lugar dejáramos de producir víctimas a lo cabrón, probablemente no tendríamos necesidad de crear la figura de un asesor victimológico. El mundo nunca será perfecto.

Los priistas aseguran que “serán intransigentes al prevenir y controlar que desde la representación política no se defraude la confianza de los ciudadanos”. ¿Y qué si nos vuelven a romper este terco corazón? ¿Qué pasará? No hay explicaciones de cómo lo evitarán ni detalle de las sanciones para quien lo haga. Tampoco han predicado con el ejemplo.

De ahí me paso al punto que dice “ampliar la difusión de los derechos de los ciudadanos incluyendo los beneficios derivados de las reformas transformadoras”. ¡Me lleva la que me trajo! A mí no me vengan a prometer beneficios y bondades. ¡A mi tráiganmelas hasta el puto bolsillo!

Prometer no empobrece, decía mi abuela.

Como la mula al trigo, vuelven los priistas a querernos meter a la fuerza la amarga cucharada del proselitismo vil. Por eso aseguran en el tercer pilar de esta estrategia la llegada de una Prosperidad Para Todos. Así, con mayúsculas, porque así se llama el pinshi programa que nos quieren hacer mascar y tragar. ¿Cuál prosperidad? El dólar sigue subiendo y las previsiones de crecimiento bajando.

Además, el partido comandado por César Camacho adelantó que difundirá las mejores prácticas de transparencia y rendición de cuentas. Tuvieron dos años para presentarnos estas Mejores Prácticas de Transparencia pero ahora que el agua les sube por el cuerpo, es probable que sea buen momento para sincerarse.

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La siguiente es mi preferida: “Porque atendemos su protesta y entendemos su propuesta, formularemos el planteamiento que los haga actores de su presente y de su porvenir”.

No. Así no se puede. ¿Quién redactó eso? Se ve que no entendieron nada. Es más, esa oración resume lo poco que han entendido y lo poco que conocen a la gente que ya está harta y repudia las mismas estupideces de la clase gobernante, independientemente del partido y del color que se trate. Hay que salir más a la calle, señores.

Me rindo.

Ya supérenlo

De cuates.

Move on.