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Foto: Especial

TEMPLO MAYOR

EL HOMBRE que seguramente más regalos recibirá esta Navidad es José Antonio González Fernández.

Y ES QUE el zedillista ex secretario del Trabajo fue nombrado por el Consejo Político Nacional del PRI como presidente de la Comisión de Postulación de Candidatos, o lo que es lo mismo: la oficina operativa del dedazo.

AL EX FUNCIONARIO lo acompañan la senadora de la telebancada Arely Gómez, el alquimista José Encarnación Alfaro, el abogado tricolor Sadot Sánchez y Adrián Gallardo, el presidente de la Fundación Colosio.

SERGIO SARMIENTO 

“El Santo, el Cavernario, Blue Demon y el Bulldog…”.

Sonora Santanera

A los mexicanos al parecer nos gusta cubrirnos el rostro. Las máscaras de luchadores se han convertido en elementos distintivos de nuestra cultura contemporánea. El subcomandante Marcos alcanzó fama mundial en parte porque aparecía siempre oculto por un pasamontañas. Hoy el nuevo signo de distinción en los actos de protesta es cubrirse la cara con una pañoleta o con una capucha.

Los encapuchados se han convertido en los nuevos protagonistas de la vida pública de nuestro país.

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Foto: El Universal

BAJO RESERVA

Sensibilizados y regañados por los hechos ocurridos el sábado en la UNAM —la incursión de la policía en CU—, los integrantes del equipo del jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, comenzaron a hacer la tarea con sus contrapartes en la administración federal para garantizar la seguridad y evitar vandalismo en la gran marcha del 20 de noviembre en protesta por la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa. Desde hace tres días, el secretario de Gobierno, Héctor Serrano, y el titular de Seguridad Pública de la ciudad de México, Jesús Rodríguez Almeida, planearon el operativo de resguardo de la urbe con el subsecretario de Gobernación federal, Luis Miranda, y el jefe de la Policía Federal, Enrique Galindo. ¿Se redimieron los del GDF por su pecado de meter en un predicamento al gabinete federal con el asunto de la UNAM? Al final, el saldo fue positivo: desactivaron a los violentos, celebran.

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Foto: La Jornada

ASTILLERO 

La presente columna fue escrita antes de que comenzaran las movilizaciones masivas, vespertinas y nocturnas, a lo largo del país (y, conforme a sus horarios, en varias ciudades del mundo), que tomando como referencia la fecha de inicio del movimiento de violencia revolucionaria de 1910 han planteado la exigencia de que Enrique Peña Nieto deje el cargo que actualmente ocupa, que haya justicia en casos específicos (Iguala y la Casa Blanca, los más notables) y que vuelva a México una paz marcadamente perdida durante la administración de los priístas vueltos al poder federal.

La conmemoración revolucionaria (hasta ahora la más agitada de la historia, en términos políticos y sociales) tuvo en la primera parte del día una sugerente confirmación de alianzas entre el poder civil, ejercido por Peña Nieto, y el militar, a cargo del general Salvador Cienfuegos Zepeda. Justamente en el día de la mayor movilización de protesta contra el régimen peñista, el mexiquense impugnado selló pactos y alentó vigores en la cúpula verde olivo. EPN defendió la institucionalidad que una parte activa de la sociedad considera fallida e incluso contraproducente, rechazó expresamente la violencia (cualquiera que sea su origen, puntualizó, sin advertir que estaba celebrando justamente la irrupción de la violencia maderista que devino en el régimen desde cuya cúpula ahora hablaba el propio Peña) y arengó a los militares, en las circunstancias sabidas de gran inconformidad social, a estar preparados para enfrentar los desafíos del presente (una especie de te lo digo, militar, para que lo entiendas, manifestante).

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Foto: Especial

CARLOS PUIG 

Los contingentes se van armando.

—¿Quieres marchar con nosotros?

—¿Tienes con quién marchar?

Los más organizados traen listones con los que envuelven a su grupo, de los listones, en la mayoría de los casos, penden carteles con la foto de alguno de los 43 normalistas desaparecidos. Los menos nomás se arriman. Hace frío.

El grupo que marcha desde el Ángel me recordó más a aquellas marchas blancas por la seguridad que a las de jóvenes de 2012 o a las muy perredistas del desafuero. Muchas familias, muchas parejas de la mano, muchas canas y muchas mujeres.

Una y otra vez se repite el conteo, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…hasta cuarenta y tres. Una pausa y otra vez: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…hasta cuarenta y tres.

Cien conteos después caigo en la cuenta de la profundidad del problema que enfrentamos.

Estos miles, estas decenas de miles que inundan el Zócalo y los otros que marcharon en 16 ciudades del país y otras del mundo piden lo imposible. O lo que al menos hoy parece imposible: volver a ver a los 43.

Desde el Zócalo, ayer, esto parece un asunto irresoluble.

Por:  Redacción