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Jueves por la noche. Unos minutos antes de que un grupo de provocadores profesionales reventaran la marcha contra la inseguridad y por la reaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, el Zócalo lucía exultante.

Como si se tratara de un ritual pagano para desterrar a los espíritus de un mal gobierno, la gente quemaba una efigie del mandatario de la nación. Unas bellezas rebeldes mostraban su torso desnudo. El mensaje en su pecho recordaba que a México no solo le faltan 43, sino muchos mexicanos más que no han tenido tanta publicidad.

Foto:  Especial

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En México nuestros políticos se convierten en villanos durante el primer tercio de su gobierno. Pocas personas podrían gritar hoy “¡Peña, bombón, te quiero en mi colchón!” sin sentir una arcada.

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Para Erwin y David, los más cercanos al mandatario de marras, todo eran abrazos y felicitaciones en Twitter, como si nada hubiera pasado. Ni los ven ni los oyen, estimados lectores.

Ángel Gallegos ( @gallegoso )