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Esta semana he visto el paulatino, pero al parecer inexorable proceso de fermentación del debate entre hombres, mujeres y adolescentes respecto a la situación del país.

Porque es una fibra que nos toca a todo universitario, el último conflicto en la Universidad Nacional Autónoma de México ha provocado verdaderas rupturas ideológicas entre personas que -bajo otras circunstancias- conformarían buenas amistades (algunas lo son o lo fueron).

En una universidad tan plural, es natural que existan miles de formas de entender las razones por las cuales un grupúsculo de enloquecidos encapuchados consideraron que incendiar un auto sobre la lateral de avenida de los Insurgentes fuera buena idea.

Foto: Azteca Noticias

Foto: Azteca Noticias

Exalumnos, periodistas militantes, académicos, estudiantes y pseudoestudiantes han metido -con igual derecho todos- su docta cuchara a este espeso caldo ideológico. El resultado es un mejunje con tufo conspiracional y un dejo de odio insalvable.

El dolor que atraviesa al país ha llevado a algunos a suponer que es deseable agarrar una antorcha y comenzar a incendiarlo todo porque quien no grita no tiene corazón. Es cierto. Yo mismo lo leí de un periodista que considero sensato.

Pero ¿la horda iracunda está logrando algo en la Facultad de Filosofía y Letras? ¿Su pirómana entrega de este sábado contuvo la intromisión de los agentes de la Procuraduría capitalina? ¿Con el ataque a una tienda departamental del domingo los cuerpos de inteligencia del país dejarán en paz a los caudillos embozados?

Difícilmente alguna de las interrogantes obtendrá una respuesta afirmativa. Decía Carl Sagan que hay que tener la mente abierta, pero no tan abierta como para permitir que se le caiga a uno el cerebro. Existe indignación por la debilidad de un Estado incapaz de garantizar la mínima seguridad personal, jurídica, patrimonial de sus gobernados. Claro que la hay. Pero echarle más gasolina al fuego provocando violencia para protestar por la violencia tampoco parece tener sentido.

Dos errores no hacen un acierto.

Y no faltará quien me recuerde lo estúpido que soy al soslayar que el ingreso de un agente de la procuraduría fue una provocación a la comunidad universitaria y a la autonomía de la máxima casa de estudios. No lo hago. Queda claro que los gobiernos priístas tienen mala historia con los movimientos estudiantiles. No sorprende que haya tantos polvorines activos en el país, y algunos de ellos ya han reventado -como el caso de Ayotzinapa, o el del Instituto Politécnico Nacional-. Pero provocar un enfrentamiento con la policía al incendiar un vehículo tampoco resulta la más brillante de las protestas.

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Al querer documentar la protesta, una veintena de chavos impidió a la prensa hacer su trabajo. La noche del sábado 15 de noviembre se me acercó uno pidiendo que no subieramos la cámara. No podemos detener nuestro trabajo, le respondí.

-Bueno. Yo ya te hice el pronunciamiento (“el pronunciamiento”. Argot de adoctrinado, me pareció). Vas a ver ahorita que venga la banda cómo te van a pedir que bajes tus chingaderas.

Al ignorar sus amenazas pude ver al pequeño hombre hambriento de autoridad. Cuando la muchedumbre de embozados se acercaba empujando el vehículo a incendiar con un Pumabús, el tipo me dijo en voz muy alta: A ver si tienes tantos huevos. Ya están aquí.

Ya pasaron muchas horas y sigo considerando que los pocos periodistas que estuvimos ahí, tuvimos  los pantalones suficientes para mantenernos en el lugar de los hechos, pese a las amenazas.

Se necesita paciencia y serenidad para darle la cara a un grupo de hombres y mujeres que a su vez llevan el rostro cubierto,  además eran diez veces más que nosotros.

Estoy seguro que en ninguna parte de la Ley Orgánica de la Universidad  existe el consentimiento a incendiar vehículos como parte de su autonomía tan de marras. Ningún tipo de autonomía puede estar por encima de las leyes de orden común. La autonomía de la UNAM se refiere a tres ámbitos, de acuerdo a su propia Ley Orgánica:

1.- Académico (libertad de cátedra, la atribución de otorgar validez a estudios que se realicen en otras instituciones, formulación de planes y programas de investigación y designación libre del personal académico).

2.- Gobierno porque la Universidad podrá organizarse de manera como mejor lo estime siempre y cuando atienda la Ley Orgánica.

3.- Financiero, pues la Univesidad podrá formular un presupuesto y administrar libremente su patrimonio. El Estado tendrá la obligación de contribuir con un subsidio.

Ciudad Universitaria no es como si habláramos de otro país, donde las leyes de la física pacieran no tener efecto y mucho menos las leyes de los mexicanos. No se puede criticar la violencia ejerciendo más violencia. No permitamos que la violencia desestabilizadora se convierta en el cuco escondido en el nido del águila y el cóndor.

Verbigracia

“¡Muchos discursos y pocas acciones. No estamos haciendo nada!”. Gritó un joven con el rostro cubierto por un trapo gris este domingo frente a Rectoría. De las más de dos mil personas que estaban ahí solo lo habrán escuchado unos trescientos, tal vez, pero no cejó en su afán: Propuso que mejor saquearan una tienda y regalaran las cosas a la gente.

Al final, un grupúsculo sí acudió a una tienda departamental ubicada apenas a unos pasos de Ciudad Universitaria. Provocaron destrozos menores e incendiaron botes de basura de una estación de servicio de gasolina. Ese es el espíritu irreflexivo. Que vuele todo antes de saber que nos van a ignorar.

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Hoy piden la renuncia de José Narro por violentar la autonomía de la UNAM por abrirle la puerta a un judicial enloquecido. Los más estrambóticos lo acusan de ser asesino de mascotas. Los más radicales son claros: no quieren a la policía en la UNAM. Nadie, empero, habló de cómo fortalecer verdaderamente a esta casa de estudios de la que muchos se deberían sentir sumamente agradecidos.

Ángel Gallegos ( @gallegoso )