Cd. de México (28 abril 2026).- Antes del ataque desde la Pirámide del Sol, en Teotihuacán, hubo señales claras en mensajes de odio, amenazas y una constante hostilidad, que distinguía la conducta de Julio César Jasso Ramírez.

Foto: Reuters
El pasado 20 de abril, Jasso Ramírez, de 27 años disparó desde la cima de la Pirámide de la Luna, matando a una turista canadiense y dejando a 13 personas lesionadas, entre ellas, dos menores. Luego, el joven, se suicidó.
Las investigaciones apuntan a que Julio César planeó el ataque durante días, después de acudir a “peinar” varias veces el área y de hospedarse cerca de la zona arqueológica.
Según José Luis Cervantes, fiscal del Estado de México, tras el crimen hallaron un revólver, cartuchos, un arma punzocortante y referencias a la masacre de Columbine, el tiroteo escolar de 1999, ocurrido en Colorado, Estados Unidos, en el que dos estudiantes asesinaron a 13 personas para luego suicidarse.
Según un reportaje de Animal Político, años antes, en aulas del Centro de Lenguas Extranjeras del Instituto Politécnico Nacional (IPN), el comportamiento de Julio César ya generaba alarma pues interrumpía clases con discursos fascistas, exaltaba a Mussolini, hacía comentarios misóginos, homofóbicos y era un racista.
“Todas las ratas sois iguales (…) si ves al director, mándale a la mierda por mí a ese judío…No fue un placer conocerte. Así te fue y así te irá”, dice un mensaje que le envió en 2018 a un profesor que frenó sus consignas fascistas durante su clase.

Foto: Animal Político
De acuerdo con el reportaje firmado por Edgar Ledesma y Dalila Sarabia, el mensaje no quedó en un hecho aislado, ya que maestros y alumnos de escuelas donde estuvo Julio César, incluido el IPN y el Colegio Simón Bolívar, en Acapulco, recuerdan sus insultos, acoso telefónico y advertencias de agresión que hacía fuera de las aulas.
“El fascismo es un tema de interés histórico, pero no cuando lo adhieres como ideología…”, señaló uno de sus profesores.
Además, Julio César tildaba de “inferiores” a sus compañeros, conseguía sus teléfonos para intimidarlos y llegaba a advertirles que los esperaría en la calle para enfrentarlos.
Las quejas por sus amenazas escalaron en el “Poli” con reportes formales, capturas de mensajes y peticiones para expulsarlo. Incluso, algunos maestros advirtieron el riesgo de una agresión dentro del plantel, pero no hubo seguimiento institucional, solo sanciones internas.

El texto de Animal Político revela que las alertas existieron, pero se perdieron. Y lo que hoy aparece como antecedentes, tras detectar sus constantes amenazas, su discurso de odio y fijación con la violencia, en su momento no activó en las autoridades otras medidas para intervenir amplia y oportunamente.
Al respecto, especialistas del Centro de Neurociencias del Hospital Ángeles del Pedregal y de la Asociación Mexicana de Psiquiatría (AMP), coinciden en que es necesario documentar, canalizar y dar seguimiento temprano para determinar diagnósticos de la salud mental de estudiantes.
El caso de Julio César evidenció la falta de protocolos claros en el sistema educativo nacional para actuar ante las recientes conductas de riesgo entre los jóvenes mexicanos.
Las señales estaban en las aulas y ocho años después, esas mismas señales derivaron en el tiroteo de Teotihuacán.
Redacción