Cd. de México (22 abril 2025).- Cuando el papa Francisco asumió el poder en 2013, la Iglesia católica estaba envuelta en un escándalo mundial por los abusos sexuales a menores de edad cometidos por sacerdotes y los intentos de la institución por encubrirlos.

Pocos podrían haber predicho que un comentario casual que el papa Francisco hizo durante una visita a Chile en 2018 desembocaría en la mayor crisis de su papado y que eventualmente colocaría a la Iglesia católica en un nuevo camino de rendición de cuentas por abusos sexuales del clero.
Un reportero de televisión le preguntó a Francisco sobre un obispo chileno que había sido acusado por las víctimas de haber encubierto los crímenes del pedófilo más notorio de Chile. El papa había estado defendiendo al obispo durante años y respondió que “no había ni una pizca de prueba en su contra. Todo es calumnia. ¿Está claro?”.
Su respuesta tocó una fibra sensible en Chile, que apenas comenzaba a aceptar un horrible legado de abuso clerical, y llevó al principal asesor de protección infantil de Francisco a reprender severamente al papa por sus palabras.
Pero entonces sucedió algo notable: Francisco encargó una investigación, se dio cuenta de que estaba equivocado, pidió disculpas a las víctimas a las que desacreditó y consiguió que toda la jerarquía chilena ofreciera su renuncia.
Fue una de las mayores correcciones del papado moderno.
El pontífice sancionó a altos cargos del clero e hizo obligatoria la denuncia de los abusos, pero las víctimas dijeron que se puede y se debe hacer más.
Dos miembros en representación de supervivientes de abusos dimitieron en 2017, entre ellos Marie Collins, que fue violada por un sacerdote en Irlanda cuando tenía 13 años y que denunció como “vergonzosa” la falta de cooperación de los funcionarios vaticanos.
En febrero de 2019, en una primicia histórica, el papa Francisco desaforó al ex cardenal estadounidense Theodore McCarrick tras ser declarado culpable por un tribunal vaticano de abusar sexualmente de un adolescente en la década de 1970.
McCarrick había sido conocido por mantener relaciones sexuales con seminaristas adultos, y el año anterior, el exembajador del Vaticano en Estados Unidos, Carlo Maria Vigano, acusó al papa Francisco de ignorar años de denuncias contra el cardenal.
En diciembre de 2019, el papa puso a disposición de los tribunales laicos las denuncias, testimonios y documentos de los juicios internos de la Iglesia. Las víctimas pudieron acceder a sus expedientes y a cualquier sentencia.
El mismo año, estableció la obligatoriedad de denunciar a las autoridades eclesiásticas las sospechas de agresión o acoso sexual -y cualquier intento de encubrimiento-.
Un informe del Vaticano en 2020 reconoció errores de la jerarquía católica y descubrió que el expapa Juan Pablo II ignoró los consejos contra la promoción de McCarrick, pero absolvió en gran medida a Francisco.
En 2021, la Iglesia católica actualizó su código penal por primera vez en casi 40 años para incluir una mención explícita a los abusos sexuales cometidos por sacerdotes contra menores de edad y discapacitados.
Sin embargo, las víctimas siguen quejándose de que el clero sigue sin estar obligado a denunciar los abusos a las autoridades civiles según los códigos de la Iglesia, y todo lo que se dice en el confesionario sigue siendo sacrosanto.
En marzo de 2023, el último miembro fundador de la comisión, el destacado sacerdote jesuita alemán Hans Zollner, dimitió expresando su preocupación por “la responsabilidad, el cumplimiento, la rendición de cuentas y la transparencia”.
En sus viajes al extranjero, desde Canadá a Bélgica, el papa Francisco se reunió con supervivientes de abusos e hizo frecuentes llamamientos al perdón.
Sin embargo, aunque es el papa que más ha hecho para combatir esta actividad criminal, los activistas afirman que nunca ha reconocido las causas “sistémicas” de los abusos en la Iglesia.
Bajo presión, el papa renunció al plazo de prescripción en 2023 para permitir posibles procedimientos disciplinarios.
AP y AFP