Cd. de México (01 mayo 2024).- El miércoles 29 de mayo concluyó el periodo oficial de campañas electorales e inició la llamada veda electoral
, el lapso en que debe silenciarse la propaganda de todos los contendientes y simpatizantes con el fin de dar paso a la reflexión personal acerca del sentido del voto.

Al margen del resultado que arrojen las urnas, la jornada electoral dejará un rastro duradero en México y, de cierto modo, en todo el planeta, que permanecerá las próximas generaciones por alrededor de un milenio.
Se trata de los millones de pendones, espectaculares, lonas y otros materiales publicitarios hechos de plástico que desde el primer minuto del pasado jueves pasaron a ser simplemente basura.
En la Ciudad de México, se estima que las campañas produjeron 30 mil toneladas de desechos plásticos, el doble de lo generado tres años antes, en los comicios de 2021.
Todavía la semana pasada podían verse cuadrillas instalando pendones, mientras que los ciudadanos padecieron la instalación de propaganda, que no sólo se colocó en cada calle, sino uno tras otro, separados por unos pocos metros y hasta encimados o encadenados.
Este fenómeno, se repite cada tres años y mueve a una serie de observaciones sobre el modelo electoral vigente.

Es contradictorio que en tiempos de plena conciencia sobre los problemas ambientales causados por los polímeros sintéticos que tardan cientos de años en degradarse y se descomponen en micropartículas que se introducen en los organismos vivos.
El hecho de que la ley obligue a usar plásticos reciclables atenúa muy poco el daño: nadie verifica que la publicidad cumpla con dicho requisito y, además, que un producto sea reciclable no es ninguna garantía de que realmente vaya a ser reciclado.
Tampoco que la ciudadanía decida su voto con base en el número de veces que se vio obligada a contemplar el rostro de un candidato.
La deliberación, la reflexión, el análisis y el intercambio de ideas que son la esencia de una vida política libre serían suplantados por el músculo financiero y logístico de quien puso su cara más veces en las calles.

Es necesaria la insistencia en una modalidad publicitaria que se traduce en contaminación visual y ambiental en un momento en que las plataformas digitales cobran un protagonismo cada día mayor como vehículos de información y socialización entre todas las generaciones.
La gente se informa, debate y posiciona a través de sus teléfonos inteligente y resulta más difícil justificar la polución perpetrada en nombre de la democracia.
Los organismos electorales, partidos, autoridades y sociedad tendrían que sentarse a diseñar una forma de hacer campañas que impulse en vez de socavar los valores en que se funda la democracia, y la eliminación de la basura electoral sería un excelente paso en ese camino.
Con información de La Jornada