Ciudad de México, México (22 de mayo de 2019).- A casi tres semanas del homicidio de Aideé Mendoza, ocurrido el 29 de abril cuando ella se encontraba tomando clases en el Edificio “P” de ese plantel y sin avances en las investigaciones de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) de la Ciudad de México, estudiantes y profesores lamentaron la actuación de esa instancia y de las autoridades universitarias por terminar el semestre anticipadamente y con ello apostar por el olvido y la impunidad en el caso.

La principal hipótesis de la PGJ es la de una “bala perdida”, ello derivado de que se encontraron en la azotea del Edificio “P”, donde murió Aideé, varios “casquillos y ojivas de distintos calibres, entre ellos de nueve milímetros”, reconoció la procuradora Ernestina Godoy el pasado 4 de mayo.

Ubicado en una zona de alta delincuencia y rodeado de colonias donde el tráfico de armas y drogas son cotidianos, profesores y exalumnos confirmaron que por lo menos hasta hace algunos meses operaba un campo de tiro en las vecinas instalaciones de la Semar.

La dependencia federal no ha realizado ningún pronunciamiento oficial y solamente la propia procuradora capitalina ha dicho que “estamos en contacto con la Secretaría de Marina. El jefe de la Policía de Investigación habló con ellos y ellos no tienen ese tipo de arma que pudiera disparar este calibre”.

Al respecto el profesor del CCH Oriente, Pedro “N”, quien pide el anonimato por temor a represalias del director del plantel y de autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dijo que se ordenó a todo el personal no declarar, ni comentar nada respecto al caso de Aideé Mendoza, ello hasta que concluyan las investigaciones, e incluso se adelantó la terminación del semestre para evitar protestas y cuestionamientos de la comunidad del plantel.

“Las instalaciones de la Marina, todo el tiempo, desde que yo tengo conocimiento, por lo menos desde hace 30 años, han hecho prácticas de tiro. Yo estudie aquí y antes, cuando no había tantos edificios construidos, se podía observar el campo de tiro que estaba paralelo al CCH, junto a los campos de futbol”, apuntó.

Reynaldo Ortiz, exalumno del CCH Oriente, confirmó que desde hace años funcionaba un campo de tiro de la Semar junto a las instalaciones estudiantiles. “De hecho el campo de tiro estaba o aún está junto a los campos de futbol del CCH. Sólo una barda de piedra de menos de dos metros nos separaba, cuando jugábamos oíamos los disparos”.

María Hernández, alumna del sexto semestre, refirió que por las mañanas y desde las canchas deportivas del CCH, por lo menos hace unos meses todavía se escuchaban las detonaciones. “No se ve nada porque hay una barda y un terreno baldío que nos separa, pero es evidente que alguien practicaba con armas de fuego”.

Y el profesor Pedro “N”, dijo, “yo doy clases en ese edificio, en el edificio “P”, donde ocurrió el asesinato de Aideé y yo ese día no escuché ningún tiro. Incluso pregunté a mis alumnos y ellos tampoco escucharon absolutamente nada. Un tiro se escucha siempre, sea del calibre que sea y sobre todo este que es de nueve milímetros”, reconoció.

Dijo a Notimex que sí ha escuchado en otras ocasiones disparos, “desde que era estudiante y ahora como profesor. Sí hay un campo de tiro, sí hay prácticas de tiro frecuentemente. Yo ya no he visto porque ya construyeron muchos edificios muy cercanos a la Marina, pero antes desde el CCH se observaban los blancos de madera, costales y las líneas desde donde se practicaban los tiros al interior de las instalaciones de la Marina”.

El profesor lamentó la tibieza de las autoridades del CCH Oriente y de la Rectoría de la UNAM ante este caso. “Yo estoy muy preocupado porque muchos de mis alumnos ya no quieren ir a clases, por el temor de que otra bala perdida les pueda tocar a ellos”, están apostando a que termine el semestre y el caso de Aideé Mendoza se olvide, con toda impunidad.

Martín “N”, trabajador administrativo, confirmó que desde siempre el personal de limpieza y mantenimiento les han informado, incluso al director del CCH Oriente, Víctor Efraín Terrazas, y al Sindicato de Trabajadores de la UNAM que han encontrado casquillos, balas, perforaciones en techos y paredes.

“Esto no es nuevo, lo que pasa es que hasta ahora hubo una tragedia. No te puedo decir más porque me corren, pero el riesgo es latente que sigan saliendo balas perdidas desde la Marina y nos toque a nosotros u otros alumnos”, concluyó.

Con información de Notimex