Ciudad de México, México (7 de septiembre de 2018).- El psicólogo y divulgador Steven Pinker en su libro Los ángeles que llevamos dentro (Paidós, 2012) utiliza la metáfora de los ángeles que, paulatinamente, van ganando la batalla a los demonios que llevamos ocultos.

Ese lado oculto, es la cara B del ser humano que lo teletransporta al Paleolítico. En ese lado oculto hay violencia salvaje, sexualidad desbocada y pasiones que negamos, como la envidia, los celos y la sed de venganza. Para que nuestra civilización siga adelante, necesitamos ocultar ese yo primitivo a los demás, porque, como recuerda una frase popular, “si se pudieran oír todos nuestros pensamientos, nos mataríamos entre nosotros”.

La forma de esconder ese lado B es través de las mentiras. Las investigaciones de la psicóloga Pamela Meyer arrojan una asombrosa media de cien mentiras al día. Incurrimos en la mayoría de ellas, según esta investigadora, para impedir que nuestros sentimientos políticamente incorrectos salgan a la luz. Sus datos nos ofrecen una prueba de la correlación entre la falsedad y la ocultación de nuestro yo más vergonzoso: cuando conocemos a alguien –el momento en el que cimentamos la imagen ante el otro– alcanzamos la prodigiosa velocidad de tres mentiras cada diez minutos.

Esta necesidad de ocultación no solo nos lleva a engañar a los demás: también nos conduce a esconder aspectos psicológicos a nosotros mismos.

En los tiempos modernos se ha acentuado la tendencia a encontrar canales para sacar a la luz sentimientos tabúes que solemos negar en la vida diaria, y esto puedes ser por medio de la literatura, el cine, la música y las series de televisión que se han convertido en rendijas que utilizamos para colar nuestro yo oculto.

No hay más que ver el éxito de personajes como el brutalmente honesto Dr. House (“¿Preferiría un médico que le coja la mano mientras se muere o uno que le ignore mientras mejora?”, pregunta a un paciente que le acusa de poco empático) para darnos cuenta de que ver a alguien manifestando espontáneamente emociones negativas nos genera simpatía.

El profesor de la Universidad de Washington Jonathon D. Brown se ha preguntado acerca de los costes y los beneficios de conocer bien nuestro lado oscuro. Su conclusión es que, en las cuestiones que podrían generar culpabilidad, solemos elegir falsear nuestro autoconcepto para salir indemnes y no caer en la autocompasión. Es, por ejemplo, lo que solemos hacer en las acciones pasadas que ya no podemos cambiar. Nos resulta menos doloroso autoengañarnos para poder creer que no fuimos responsables de lo que ocurrió.

Con información de Muy Interesante