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Foto: Especial

TEMPLO MAYOR 

SEGÚN los libros de cocina, ésta es la receta perfecta para el desastre: grupos radicales que, ante la inacción de las autoridades, se envalentonan y cada día van subiendo el nivel de sus agresiones.

NI SIQUIERA los propios deudos de los normalistas de Ayotzinapa respaldan las acciones de protesta -así las llaman- que llevan a cabo maestros de la Ceteg en Guerrero.

YA QUEMARON el palacio de gobierno de Iguala y el del propio gobernador; las sedes de algunos partidos; ayer incendiaron el salón de plenos del Congreso y, muy convenientemente, los archivos de la Contraloría de la Secretaría de Educación estatal.

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Foto: Especial

SERGIO SARMIENTO

“Se dice que el poder corrompe, pero la verdad más bien es que el poder atrae a los corruptibles”.

David Brin

El panista Édgar Borja es uno de esos diputados que se convierten en cruzados contra la corrupción. Su campaña contra el jefe delegacional perredista de Coyoacán, Mauricio Toledo, ha sido particularmente intensa. Borja quería, al parecer, competir por esa delegación del Distrito Federal en el 2015.

Sin embargo, en México quienes no están libres de pecado no sólo gustan de tirar la primera piedra sino todas las demás.

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Foto: Especial

BAJO RESERVA

Los brotes de violencia en distintos puntos del país y los mensajes cifrados en algunos medios son vistos en áreas del gobierno federal como una ofensiva política desde distintos frentes contra la actual administración. La desaparición de estudiantes en Iguala y la ejecución de civiles a manos de militares en Tlatlaya son, sin duda, actos reprobables y sobre los que existe un compromiso presidencial para atacar la impunidad, nos dicen. Sin embargo, en el tema de los actos vandálicos de fuerzas se observan manos de grupos que con distintos fines, entre ellos el político, buscan aprovechar el momento para generar un clima de inestabilidad. Ante este escenario, nos explican, el Cisen, dirigido por Eugenio Ímaz Gispert, y las demás áreas de inteligencia debieran ubicar a quienes están detrás de esta estrategia, sugieren.

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Foto: La Jornada

ASTILLERO

Aun cuando hay quienes consideran el deporte profesional, en específico el futbol, como mecanismo distractor de la realidad (una especie de opio televisable), aficionados de otros países y del propio México han expresado su consternación por los hechos de Iguala y han realizado protestas que han ido desde los reclamos de justicia al llegar los partidos al minuto 43, hasta la presentación en alto de pañuelos negros y blancos y de fotografías de los jóvenes de Ayotzinapa que oficialmente siguen desaparecidos (activismo que estuvo presente ayer en Amsterdam durante un juego amistoso que ganó la selección mexicana de balompié, ya con el esquivo Carlos Vela dando su pie a torcer y anotando dos goles confirmatorios de su calidad).

Tocar positivamente las fibras de sectores tradicionalmente alejados de las contiendas políticas y la denuncia pública ha sido uno de los resultados notables del acelerado proceso de toma de conciencia que se ha producido a partir de la tragedia de Iguala. De pronto, mexicanos ajenos a la parafernalia del activismo radical, e incluso repelentes a esas prácticas, se han descubierto a sí mismos con una pequeña pancarta crítica, redactando textos de indignación en redes sociales, exigiendo justicia y castigo a la corrupción o caminando junto a otros ciudadanos igualmente convencidos de que las cosas van muy mal en México y ha llegado la hora de hacer algo para cambiarlas, más allá de la apatía, el conformismo, la burla o el cinismo.

Si el actual administrador federal se mantiene en su sitio, a pesar de la creciente exigencia para que renuncie al cargo, y a pesar de los diarios escándalos de corrupción y de criminalidad oficiales, la protesta pública podría desenvolverse por caminos negativos. Los recién llegados a la expresión pública de la insatisfacción podrían volver a los nichos de un relativo confort cada vez más amenazado. Y los desbordados podrían pasar a los terrenos de la oposición con las armas en la mano al tiempo que el pasmo del gobierno federal optara por la represión como respuesta desesperada. Lo único cierto es que las cosas van mal y no hay motivos a la vista para suponer que podrían darse soluciones inteligentes y eficaces.

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Foto: Especial

CARLOS PUIG 

El fin de semana pasado, por alrededor de 10 minutos, durante el juego en que el León recibió al Puebla, los integrantes de la porra Los de arribadel equipo local levantaron unos cartelones con el número 43 y una manta que decía “Gobierno asesino”.

No sobra decir que ambas cosas eran exactas: son 43 los jóvenes desaparecidos y la Procuraduría General de la Republica ha dicho tener indicios sólidos de que fueron asesinados por órdenes de un presidente municipal, es decir, el gobierno.

Pues bien, la Federación Mexicana de Futbol, la misma que se pasa por el arco del triunfo las reglas de FIFA sobre propiedad múltiple, de anuncios durante los partidos, transferencias de jugadores y otras cositas… Esa misma fue a buscar en el más recóndito articulado del Reglamento de Sanciones.

Y entonces… 350 salarios mínimos de multa al Club León. Una bicoca, sí, pero que provocará que este fin de semana los equipos sean especialmente cuidadosos que algo así no suceda en los estadios.