Cd. de México (14 julio 2025).- El desabasto de medicamentos ha detonado una crisis sanitaria que no sólo vulnera el derecho a la salud, sino que ha facilitado la expansión del mercado negro. La falta de tratamientos empuja a pacientes a recurrir a fuentes no reguladas, donde abundan productos falsificados, caducados o robados.

Cuando una persona no encuentra el medicamento que necesita en la farmacia o en el hospital, lo busca donde puede. Y muchas veces termina en mercados informales o en internet, donde lo único que encuentra es una caja que parece real, pero no lo es. Es una tragedia”, aseguró Larry Rubin, presidente de la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF).

El líder farmacéutico explicó que la situación se profundiza a medida que los vacíos en la cadena de suministro persisten y los usuarios recurren a canales informales para adquirir los tratamientos que no encuentran en farmacias o instituciones públicas.

Según datos de la Unión Nacional de Empresarios de Farmacias (UNEFARM), el mercado negro de medicamentos pasó de representar el 7% del total en 2023, a 11% en 2024; este crecimiento implica una pérdida económica estimada en 32 mil 500 millones de pesos.

El dato incluye fármacos falsificados, muestras médicas vendidas sin control y productos caducados, en su mayoría adquiridos por medio de redes sociales o vendedores informales.

Los medicamentos falsos han ganado terreno en tianguis, mercados populares e incluso en plataformas digitales, donde se comercializan sin controles sanitarios. Lo alarmante es que estos productos suelen ser indistinguibles a simple vista: las cajas imitan diseños originales y, en muchos casos, son vendidos como si fueran de procedencia lícita.

El paciente cree que está tomando un tratamiento, pero en realidad no está recibiendo nada. Esas semanas o meses perdidos pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. Y lo más alarmante es que incluso cuando se trata de productos pirateados, la reputación del laboratorio original se ve afectada”.

El impacto humano es aún más grave. En ausencia de sus tratamientos, pacientes con cáncer, enfermedades neurológicas o padecimientos crónicos se ven obligados a buscar soluciones fuera del sistema formal de salud.

Las consecuencias pueden ser fatales: al no recibir principios activos reales, su condición se agrava o incluso pueden morir. En paralelo, los laboratorios enfrentan pérdidas reputacionales, ya que muchas veces los productos falsos portan sus nombres.

El problema también tiene una causa estructural. Rubin denunció que camiones con medicamentos enviados al sector público son rechazados en centros de distribución “por falta de espacio, burocracia o corrupción”.

Eso obliga a devolver los productos, muchos de los cuales acaban destruyéndose.

El Colectivo Cero Desabasto informó que en 2023 se dejaron de surtir 7.5 millones de recetas en instituciones como el IMSSISSSTEPEMEXSEDENA y SEMAR. Ese año, los padecimientos más afectados fueron los relacionados con la salud mental (561 casos reportados), condiciones neurológicas (149), cáncer (120), diabetes mellitus (86), enfermedades reumatológicas (51), post trasplante (50) y VIH (47).

Además, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) documentó un crecimiento constante en reportes de medicamentos robados o falsificados desde 2018, alcanzando su punto más alto en 2022 con 218 casos.

Aunque en 2023 la cifra bajó a 186, se emitieron 51 alertas sanitarias, la mayoría relacionadas con fármacos oncológicos, analgésicos, antipiréticos, inmunológicos y neurológicos.

Otro obstáculo crítico es la falta de un sistema nacional de trazabilidad. Rubin lamentó que no exista un sistema nacional para rastrear la oferta y demanda de medicamentos.

“Todo se hace manualmente, sin una base central que permita identificar con rapidez los faltantes o anticiparse a las crisis”, subrayó.

Para el presidente de la AMIIF, revertir esta situación requiere garantizar abasto oportuno, reforzar los controles sanitarios y, sobre todo, devolver la confianza de los pacientes en el sistema formal de salud.

“Combatir el medicamento pirata no es sólo tarea del gobierno. Requiere voluntad, coordinación y sobre todo garantizar que ningún paciente tenga que acudir a un mercado informal para salvar su vida”, concluyó.

ElSoldeMéxico

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