Cd. de México (03 julio 2025).- José Luis Franco pasó de desertar del Ejército a ser entrenador de danza aérea, en un gimnasio donde entrenaba en Gustavo A. Madero, una vocación que le apasionó hasta la muerte.

El pasado 1 de julio, José Luis Franco fue abatido por disparar contra un agente de la Fiscalía de la Ciudad de México, cuando mantuvo como rehén a un excompañero con quien disputaba un salón utilizado como gimnasio de crossfit, en el Centro Pastoral de Atención a la Juventud, dentro de la Iglesia San Jorge Mártir.

A José Luis Franco le pareció buena idea y oportunidad de ganar dinero enfilarse como militar, después de que dejó la escuela al cumplir los 18 años. Vivió en la Colonia Atlampa de la alcaldía Cuauhtémoc.

A José Luis Franco le urgía trabajar para mantenerse, pues permaneció por tres años con un entrenamiento rígido y de malos tratos, que lo llevaron a desertar del Ejército.

Al dejar las filas castrenses, aprendió lo suficiente en manejo de armas y se acentuó su personalidad hostil.

No hablaba mucho, era solitario, no le interesaba convivir con las personas ni estrechar lazos familiares.

(Estar en el Ejército) fue una de las cosas que detonó su carácter y sí, sí era impulsivo, agresivo, fuerte y muy solitario, no le interesaba mucho estar rodeado de gente”, compartió un familiar.

Lo único que lo movió a cambiar esos patrones fue la danza aérea, el hombre agresivo se convertía en uno que socializaba, hablaba e incluso sonreía. Sin embargo, a José Luis Franco lo despidieron en febrero de 2023 del gimnasio donde daba clases de danza aérea.

El martes regresó, aunque para rendirse, pedía una indemnización de 600 mil pesos.

Entre las pocas conversaciones que tuvieron sus familiares con él, previo a romper lazos, les comentó que tenía ahorrado mucho dinero, suficiente para comprarse una vivienda de interés social, lo que coincide con la inversión que habría hecho en el gimnasio.

Minutos previos a que José Luis Franco fuera abatido, autoridades acudieron al domicilio donde renta su familiar y, al no encontrarlo, se fueron. Aunque no dijeron nada, sospechó lo que confirmó la mañana de ayer: que estaba muerto.

Afuera del centro comunitario de la parroquia apenas quedaron rastros, trozos de la cinta amarilla del cerco de seguridad, mientras policías de un grupo táctico de élite negociaban con un profesor de danza que tomó como rehén a un instructor de crossfit y se atrincheró armado.

Contrario a la cantidad de personas que se aglomeró, ayer fue distinto. El centro ofrece clases de música, enfermería, crossfit y tratamiento de fisioterapia, pero suspendió sus actividades y alrededor todo lucía en calma. Algunos usuarios acudieron, pero estaba cerrado.

DiarioMx

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