Por Jair Arana
CIUDAD DE MÉXICO, MEXICO (04 de marzo de 2025).- A unas horas de haber iniciado la entrada de aranceles sobre los socios comerciales más cercanos e importantes de EEUU, y tras meses de anticipación de una elección presidencial en México celebrada en junio, un gobierno en transición decidió esperar hasta el día de para tomar acciones en respuesta a estas medidas derivadas de caprichos, ocurrencias y declaraciones inverosímiles y tendenciosas por parte del ahora mandatario de los Estados Unidos.
La relación con los dos vecinos del norte en los últimos treinta años ha sido muy contradictoria, provocadora y que favorece más a uno que al otro, dejando así un desprecio colectivo hacia el vecino del sur al no percibirlo como un aliado estratégico en geopolítica, economía y seguridad nacional.

Lejos de haber construido una nueva región para América del Norte, beneficiando así a cada uno de los miembros de estos países y por ende a sus ciudadanos a frenar los flujos masivos, caóticos y que llaman la atención por el grado de desesperación de un lado y crueldad del otro hacia lo que hubiera podido resolverse no solamente mediante tratados comerciales sino también a través de una homologación de la moneda como el euro, un sistema de comercio internacional para competir contra Asia y Europa como bloque comercial y también que esos despliegues de diásporas interminables se hubieran convertido en solamente una memoria de injusticias históricas se lo ha padecido y sufrido los ciudadanos de América latina durante la gran mayoría del Siglo XX y las consecuencias de efectos pendurales en lo político, económico y social.
Al haber evitado estos acuerdos de colaboración entre las tres entidades participantes, Canadá, Estados Unidos y México y resolver de manera conjunta, permanente y sólida se perdieron muchas grandes oportunidades de negocios, trabajos, inversiones, movilidad social y libre tránsito entorno a las fronteras y de esta forma permitir la integración regional más igualitaria, segura y sostenible a corto, mediano y largo plazo.
Hoy, aquella idea parece haber quedado en un contexto que es inalcanzable sino en el olvido. Tuvo que resurgir poco a poco la primera parte y de forma más rápida y completamente coordinada esta segunda administración encabezada por el presidente de los Estados Unidos para terminar con instituciones, acuerdos, pactos, un plan que desde adentro del gobierno en ese sentir que remonta a tiempos de Alexander Hamilton, John Jay y James Madison con una manifestación de que el gobierno debe ser limitado y acotado para restringir las vidas de los ciudadanos y que durante siglos fue incrustándose más allá de lo que Ronald Reagan hablaba de que “el gobierno es el problema, no la solución” un neo republicanismo hablando de “libertades individuales que no eran gratuitas sino que uno había que ganárselas” en frases contradictorias y sumamente problemáticas como “la libertad no es gratuita”. La economía y política que encabezó Ronald Reagan aún con esos pensamientos dieron pauta a una reforma migratoria en noviembre de 1986 le permitió legalizar a más de tres millones de personas en Estados Unidos.
“Al haber evitado estos acuerdos de colaboración entre las tres entidades participantes […] se perdieron muchas grandes oportunidades de negocios, trabajos, inversiones, movilidad social y libre tránsito […] Hoy, aquella idea parece haber quedado en un contexto que es inalcanzable sino en el olvido.”
Pasaron años para volver a hablar de los mismos temas que iban surgiendo durante los años 90s, 2000, y la era del “amor a la mexicana” iba en aumento hasta aquel día que cambió el mundo entero, el 11 de septiembre del 2001. A tan sólo unos meses de haber asumido el poder tras una elección presidencial extremadamente competitiva que llegó hasta la Suprema Corte de Justicia en EEUU, George W. Bush dejó en el olvido nuevamente una nueva oportunidad para mejorar las relaciones bilaterales y en efecto sumar a Canadá a una crisis militar que duró otros casi 20 años y otros cuatro rituales del poder ejecutivo en ese país dejando en un impasse el tema que seguía siendo vigente y que simplemente no era prioridad para las diferentes administraciones gubernamentales y la guerra contra el terrorismo siguió siendo el mejor enfoque de las primeras dos décadas del Siglo XXI.
Mientras todo esto ocurría en Medio Oriente, Europa iba perdiendo fuerza y protagonismo en el escenario global. Pasando de gobiernos de izquierda a derecha sin dar resultados favorables a los ciudadanos. Diferentes partidos políticos promovían ideologías más radicales hacia un lado y otro y el tema de la migración empezó a surgir enarbolando el nacionalismo de cada país miembro de lo que se conformó como la Unión Europea.
Las principales causas de las crisis en Medio Oriente exasperaron la necesidad migrar del norte de África y el sur de sub Sahara hacia Europa occidental. Lo cierto es que mientras más luchaban los países europeos de la mano de Canadá y Estados Unidos como miembros de la OTAN, más y más empeoró la radicalización del Islam y se perdieron nuevamente muchas oportunidades para corregir la ruta y cambiar de estrategia.
Mientras todo esto ocurría el gigante asiático que hoy es China, iba creciendo cada vez más rápido dado el nivel de consumo de mayor escala hacia manufactura que fuera fácil de manejar para colocar en anaqueles en tiendas departamentales y surtir principalmente la demanda masiva de productos hacia Estados Unidos, era aún cómico el que un iPod tuviera la leyenda de “diseñado en Cupertino, California, hecho en China”. Algo que fue predecible era saber que en una reorganización comercial de ese nivel a partir de esa demanda masiva ya no así solamente por Estados Unidos sino ahora ya del mundo entero, China pudo diversificar varios sectores productivos y vendérselos al consumidor a precios más bajos que ningún otro país.

México tuvo por décadas ser altamente competitivo ante ese tipo de empresas que para evitar costos en la cadena productiva era más fácil y mucho más barato tenerlas al otro lado de la frontera, en el vecino que se ha despreciado por siglos y que era un mal necesario. Aunque esto pudo lograrse por cierto tiempo en el centro de México y en el norte del país. La proporción de bienes y servicios es muy baja en comparación con la híper producción de China, creando así una macro economía y nuevo actor en el contexto internacional.
Fueron los empresarios estadounidenses los que decidieron llevarse la materia prima hacia China y maximizar las utilidades. Ya en México, solamente el sistema político empezó a engendrar y de generar una nueva forma de gobierno y darle paso y dejarle la puerta abierta a un movimiento político que de la mano al no combate frontal hacia otros actores sociales de alta complejidad y peligrosidad se convirtió México en un espacio altamente violento y sumamente vulnerable para poder enfrentar a esos grupos delictivos y poco a poco la inversión extranjera directa fue perdiendo fuerza y credibilidad ante el aumento de la inseguridad social y sobre todo ante la crisis de gobernabilidad y un gobierno en complicidad que por acción u omisión permitieron que la crisis política se produjera y llegara a un nivel de poder donde el titular o la titular del poder ejecutivo puede ahora tener más fuerza política sobre el poder judicial y así dejar atrás el Estado de Derecho, la aplicación e independencia de los poderes judiciales para ser relativamente más eficaz ante el aparato político del partido en el poder y que por muchos años y diferentes partidos políticos dejaron en el abandono a muchas regiones y estados que se convirtieron en zonas de conflicto y alto riesgo para la inversión para empresas privadas procedentes principalmente de Estados Unidos.
El pegarle a la Constitución de México como una piñata de posada navideña sin importar las consecuencias se había hecho una realidad ya por el anterior gobierno y la nueva Constitución en terapia intensiva para la salud pública y la gobernanza de un país más violento y que aquel movimiento populista con corte de ultra derecha simulando ser de izquierda, no es de extrañar y menos sorprenderse que el gobierno federal carezca de credibilidad ante su vecino más cercano, en el norte, Estados Unidos. Ya no hay “pausas”.
El llamado de la hoy presidenta de México para hacer frente ante los problemas que vienen en contra de este país, es una forma tardía de responder, mediocre de solucionar y que absolutamente nadie de los que han sido convocados en la praxis pueden lograr más nada. Esto es de esperar ante la nula participación del expresidente inmediatamente que “se fue” y que ahora nadie sabe quién está realmente al frente del timón del país y del Estado Mexicano. Parecen medidas que llaman a la unidad nacional ciertamente, en el peor momento donde se encubra el poder del gobierno en cada uno de los 32 estados del país sin resolver ni responder a las necesidades inminentes y priorizar así la distinción entre una sociedad civil que no está ni organizada y menos comprometida con una coherencia entre lo que está pasando y en lo que está por venir. Demasiado tarde y tan lejos de Dios.
Jair Arana
Politólogo e internacionalista especialista en temas de seguridad, comercio, relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos.
Columnista de IrvingPineda.com