Ciudad de México, México (24 de Diciembre de 2020).- Las comidas y cenas que estamos deseando compartir estas Navidades en un año tan duro como este 2020 son un escenario peligroso en pleno recrudecimiento de la pandemia.

Si decidimos pasar la Nochebuena o la Nochevieja con personas diferentes a aquellas con las que vivimos el resto del tiempo, los típicos encuentros con familiares o amigos en una casa son un riesgo real, aunque estén reducidos por los criterios establecidos por las administraciones y se adopten medidas de protección.

La herramienta que acompaña a esta información permite comprobar cómo se propaga por aerosoles el coronavirus en una habitación cuando hay una persona portadora de la enfermedad que interactúa con otras.

Aquí se muestran tres tipos de reuniones: una de seis personas, otra de diez -que coinciden con las horquillas que han establecido las administraciones españolas en sus recomendaciones y restricciones- y una hipotética celebración con 15 personas, algo que está prohibido en España, pero que sirve para mostrar el riesgo mucho mayor que se corre en esta situación.

Se pueden manipular distintas variables y ver sus efectos:

  • ¿Los familiares llevan mascarilla quirúrgica todo el tiempo?
  • ¿Qué ventilación habrá en la estancia?
  • ¿Se dejan las ventanas un poco abiertas todo el rato, de vez en cuando o están cerradas?
  • ¿Se habla todo el tiempo que dura la reunión?
  • ¿En un volumen de voz normal, o el tono se eleva frecuentemente en discusiones o cantando villancicos?

Los cálculos de este simulador se realizan siguiendo el modelo desarrollado por un grupo de investigadores del Instituto Max Planck de Química, en Alemania, y la herramienta publicada a partir de su algoritmo por el periódico alemán Die Zeit.

Este simulador realiza una estimación del riesgo de contagio a partir de la emisión y circulación de aerosoles en espacios interiores. No es un cálculo exacto ni una predicción de lo que puede pasar en un escenario real, sino una estimación de probabilidades controlando una serie de variables, pero no todas las posibles.

Todos los escenarios y combinaciones posibles parten de dos supuestos comunes:

  1. En la sala siempre hay una persona contagiada, y solo una.
  2. La interacción entre las personas en la sala se desarrolla respetando las normas de distancia social, higiene de manos, etcétera, porque de lo contrario se podría producir la transmisión del virus por contacto u otras vías distintas a los aerosoles.

Este ejercicio sirve para tener una idea aproximada de la magnitud del riesgo que corremos en una reunión familiar estas Navidades, aunque no es posible determinar con exactitud cuántas personas se infectarían en una situación determinada y los resultados que se muestran son estimaciones de probabilidad.

El factor decisivo en el resultado final es la cantidad de aerosoles, las pequeñas partículas que flotan en el aire, gotas minúsculas de menos de cinco micras de diámetro (0,005 milímetros). Los aerosoles aumentan con el volumen e intensidad de la voz de una persona. Si se habla en voz alta, la habitación se llena de aerosoles con más rapidez y, si esa persona está contagiada, se esparcen entre los aerosoles partículas del virus que pueden ser inhaladas por otras personas y traducirse en un contagio.

Sin mascarilla y en voz alta, contagio total

No hay duda. Independientemente del número de personas, la ventilación o lo largas que sean las conversaciones, si hay una persona contagiada en el grupo el riesgo de contagio es del 100% si no se usa mascarilla y si se habla a gritos o se canta.

¿Por qué esa insistencia en el volumen de la voz? Aunque en México las conversaciones en voz alta e incluso las discusiones sean un lugar común de algunas reuniones familiares, este año hay que ser muy cautos. Y aunque no se hable fuerte, si se canta, el peligro de contagio es alto.

La lección se aprendió después de constatar un evento de supercontagio en un coro en Estados Unidos, donde en un ensayo de dos horas y media un solo individuo contagió a 52 personas de 61 y dos de ellas murieron. En España, también se notificó el caso de 30 de 41 miembros de un coro góspel de Sallent (Barcelona) tras un ensayo en un local cerrado insuficientemente ventilado.

SIN MASCARILLA Y EN VOZ ALTA: CONTAGIO TOTAL

No hay escapatoria. Sin mascarilla y sin ventilación, la probabilidad de un contagio es de 100% siempre que no se controle el volumen de la conversación. Y aunque el tono de voz fuera el de una charla normal y la persona que llegó contagiada no hablara durante la mitad de la velada, la probabilidad de un contagio individual no bajaría del 36% y de tres contagiados en una reunión de diez personas, además del previamente infectado.

NO HAY CENA SEGURA SIN MASCARILLA

Sin mascarilla, no hay comida o cena segura. En una celebración navideña, es imposible estar todo el rato con la mascarilla puesta, ya que gran parte del encuentro transcurrirá alrededor de una mesa en un banquete opíparo y prolongado. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja a los europeos su uso en las reuniones familiares de estos días para reducir el impacto de una tercera ola en el continente.

Si se prescinde de ella todo el tiempo, en uno de cada dos casos se contagiarán todos los asistentes sin excepción. Y aunque se tuviera la ventana abierta a ratos y se hablase de forma moderada, siempre se contagiaría al menos una persona más. Por tanto, habría que tomarse en serio la recomendación de no quitarse la mascarilla a no ser que se esté comiendo y bebiendo.

Las opciones más seguras

De esta manera, ¿cuáles son las opciones más seguras para cada tipo de reunión? En el caso de una reunión de seis personas, aunque hubiera una persona contagiada, no se transmitiría el COVID-19 a ningún otro de los comensales si se usa mascarilla todo el tiempo posible, se ventila la estancia diez minutos en cada hora y el tiempo de conversación y el volumen de la voz son contenidos

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Los cálculos se realizan según el modelo desarrollado por un grupo de investigadores del Instituto Max Planck de Química, en Alemania, y The Cyprus Institute Climate and Atmosphere Research Center, en Chipre.