Ciudad de México, México (22 de Noviembre de 2020).- Carreteras y caminos semi abandonados utiliza el narco para operaciones de trasiego de droga sudamericana en la región fronteriza sur de México con Belice y Guatemala, donde hacen bajar sus aviones, varios de los cuales fueron quemados para destruir evidencia.

Así lo mostró el caso del tramo carretero entre Chilam Balam y Laguna, en el valle de Yohaltún, municipio de Champotón, Campeche, donde un narco-avión aterrizó en plena carretera y fue incinerada luego de descargar la cocaína que trajo.

La nave era al parecer una avioneta Cessna, que fue encontrada quemada casi en su totalidad, y de la cual apenas se puede apreciar parte de la matrícula carbonizada, en los que aparentan ser las letras y números YV124.

Según fuentes militares, esta avioneta junto con otro avión tipo jet fueron detectados entrando en la madrugada del sábado en su ingreso ilegal a territorio nacional desde Centroamérica, pero sólo se encontraron los restos de la Cessna en la carretera Chilam Balam-Laguna Grande, que limita entre los municipios de Champotón y Escárcega.

Son diversos los casos en los que los narcotraficantes utilizan caminos sacacosechas hechos para el tránsito de camiones del campo para el aterrizaje de narco-aviones en la frontera con Belice y Guatemala, pero también los tramos carreteros en zonas semi aisladas de la región.

Un caso se dio en Quintana Roo el 30 de agosto del 2018, cuando una narcoavioneta parecida a la hallada en Campeche fue encontrada quemada en un camino sacacosechas pavimentado a cuatro kilómetros y medio del poblado Payo Obispo, municipio de Bacalar, zona donde narcotraficantes lograron descargar droga y posteriormente destruyeron la nave.

La aeronave calcinada era una avioneta Cessna, de la cual la cabina y el motor quedaron totalmente fundidos y calcinados, dejando sólo enteros la cola, las dos alas ya separadas de la cabina y la hélice de tres aspas, pero se dejaban ver las siluetas de la matrícula XB-OJY.

Apenas el pasado 27 de mayo del presente año, cerca del mismo sitio aterrizó un jet, usando también un camino sacacosechas que va hacia Morocoy, municipio de Othón P. Blanco.

Los narcotraficantes bajaron la droga y luego movieron a un lado del camino la aeronave, que era un Hawker de doble turbina, y le prendieron fuego para destruirla.

El pasado 16 de junio un jet tipo Hawker aterrizó en un camino sacacosechas entre los cañaverales cercanos a la alcaldía de Javier Rojo Gómez, en la ribera del río Hondo, municipio de Othón P. Blanco.

Este fue detectado rápido por elementos militares, por lo que los narcotraficantes no alcanzaron a destruirlo, pero si a llevarse el cargamento, aprovechando que los caminos de la zona cañera están en buen estado y comunican a la carretera federal y los diversos ejidos en distintas direcciones.

Este narco-jet bajó en una zona cañera conocida como Las Mil, que se ubica entre la carretera Ucum-La Unión y la Chetumal-Escárcega.

Recientemente, el 5 de octubre, un narco-jet aterrizó en un camino saca cosechas de terracería al noroeste de la comunidad de Sergio Butrón Casas, cerca de un rancho denominado La Danielita.

Luego de aterrizar en el camino de terracería con premura, debido a que el vuelo ya había sido detectado, descargaron la droga e incendiaron el aparato aéreo.

La zona se encuentra ubicada en los campos entre Sergio Butrón Casas, el poblado de Morocoy y las zonas arqueológicas de Dzibanché y Kinichná.

Los casos de mayor gravedad fueron los de aterrizajes realizados en tramos de carreteras federales de Quintana Roo, como el ocurrido el 5 de julio de este año, cuando el jet Hawker matrícula XB-RCM aterrizó en el tramo Polyuc-José María Morelos de la carretera federal Felipe Carrillo Puerto-Muna.

Allí también los narcotraficantes prendieron fuego a la aeronave luego de bajar la droga con prisa, puesto que les pisaban los talones elementos del Ejército Mexicano.

De hecho, en su huida hubo narcotraficantes que chocaron con elementos castrenses cerca de José María Morelos, donde perdieron alrededor de 390 kilos de cocaína del cargamento, que fueron decomisados en una camioneta poco después de la descarga.

Al siguiente día, el cordón del Ejército Mexicano encontró otros 210 kilos de droga que era parte del cargamento del avión, en las afueras de la ciudad de José María Morelos, pero del resto de la mercancía ilegal transportada desde Venezuela, no se tuvo rastro.

Y a inicios del 2020, el 27 de enero, aterrizó cerca de allí otro jet Hawker cargado de cocaína, en la carretera de vía corta Chetumal-Mérida, en una zona poco poblada ubicada en el tramo que va del crucero de Nuevo Israel al crucero de Nueva Loría, del municipio de Felipe Carrillo Puerto.

En ese caso, los narcotraficantes utilizaron el tramo de la carretera federal para que bajara un avión tipo jet, y se enfrentaron a balazos con los elementos del Ejército Mexicano que acudieron a la zona en seguimiento de la aeronave, causando la muerte de un elemento castrense e hiriendo al comandante de la XXXIV Zona Militar, General de Brigada Diplomado de Estado Mayor José Luis Vázquez Araiza.

Posteriormente, al realizar reconocimientos terrestres, el personal militar aseguró 741 kilos de cocaína, tres armas largas incluyendo una calibre .50 milímetros, y dos camionetas, así como dos narcotraficantes.

Los narcotraficantes que operan en la frontera de México con Belice y Guatemala han preferido el uso de aviones con turbina, que son más potentes que las avionetas de hélice y con más capacidad de carga, como estrategia para tratar de evitar el Sistema Integral de Vigilancia Aérea (SIVA) establecido por las Fuerzas Armadas para contrarrestar el trasiego aéreo de cocaína.

Y en esa estrategia el uso de caminos ya construidos como pistas clandestinas se ha aparejado, dado que les ha resultado más fácil bajar en zonas poco pobladas, aisladas y semi abandonadas que construir sus propias narcopistas.

Por lo mismo han buscado áreas más amplias para su aterrizaje, inclusive carreteras estatales y federales.

Más del 50 por ciento de estas aeronaves son robadas en aeropuertos de diversos países, y por eso todas tienen matrícula falsa, y por eso se les hace fácil abandonarlas o incendiarlas cuando no pueden hacerlas volar de nuevo por alguna falla o por la premura por evitar a las autoridades, una vez que transportaron de manera exitosa las drogas.

Cambio 22