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-Some men just want to watch the world burn-. Batman The Dark Knight.
Uno pensaría que después de tantas apariciones públicas, las autoridades ya sabrían identificar a este grupo amorfo que algunos llaman cómodamente anarquistas, pero no. Aún no hay pista.
Tal vez podríamos empezar a definir a quienes buscan la violencia para distinguirlos del resto y, posteriormente, tratar de entender lo que pasa.
Mientras unos perspicaces se afanan en “demostrar” la participación del Ejército durante las provocaciones registradas la noche del jueves en el Zócalo capitalino mediante fotografías de dudoso valor pericial, existen reportes de inteligencia que apuntan hacia el corazón de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Foto: Tomada de Twitter

Foto: Tomada de Twitter

Las autoridades federales tienen la mira en el Auditorio Justo Sierra, también nombrado Che Guevara por los más politizados de la comunidad. Las investigaciones señalan que en este punto de Ciudad Universitaria se han planeado las provocaciones desestabilizadoras que vimos todos durante las manifestaciones del 8 y 20 de noviembre, ocurridas frente a Palacio Nacional.

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La pesquisa lleva a creer -o nos pretende hacer creer- que ahí confabulan las personas que han hecho del disenso y la protesta su profesión, escalando un estadio más en la espiral de caos y descontento.
Pero lo que algunos reporteros vieron este jueves 20 de noviembre en la Plaza de la Constitución tiene un lado más frío y perturbador: llegaron personas vestidas de manera impecable, algunos enfundados en Scappino y calzando Lacoste. Tras unos minutos, se transformaron en generales que hicieron de la plancha de concreto su campo de batalla. Por otra parte, existen testigos que aseguran que entre los rijosos habían personas de habla francesa.

A la señal de unos cuantos, los -aparentemente- serenos manifestantes dejaron la corbata y se cubrieron el rostro. De sus mochilas sacaron cadenas y artículos incendiarios. Un par de ademanes bastaron para que otro grupo supiera que era el momento de encender el ánimo. Comenzaron a dirigirse contra las vallas que el Estado Mayor colocó alrededor del Palacio Nacional.
Lo siguiente fue una lluvia de insultos que hicieron impacto en la psique de la Policía, provocando un inmediato flujo de adrenalina. Ya con la temperatura adecuada, los orquestadores de este caos abandonaron discretamente la zona campal. Mientras emprenden su retirada esconden los trapos con los que instantes antes cubrieron su rostro.

Para estas alturas, el cuerpo de granaderos ya estaba conteniendo y deteniendo sin orden ni tino. En su camino se topaban con jóvenes estudiantes quienes habían decidido engrosar las filas de los provocadores de manera casi involuntaria. No hay nada más contagioso que el caos y el miedo.

El grupo autodenominado Reacción Salvaje se adjudicó la autoría de estos actos violentos. De ser cierto el pronunciamiento que subieron a la red, su plan funcionó a la perfección: “provocar tensiones para que los granaderos carguen en contra de la ciudadanía y que a su vez, ésta decida defenderse en el momento para hacer más grande el conflicto”.

El combustible para este fuego de caos es el malestar popular, de cual se nutren y lo pervierten. Suponiendo que sea cierto, su fin es encontrarse en el camino a tontos útiles que puedan usar como carne de cañón para su batalla personal.

Hay que considerar todas las variables. La existencia de grupúsculos dedicados a vandalizar resulta evidente. Conocerlo es el primer paso para no caer en su juego. También es importante ser consciente de esto para tampoco justificar la posible radicalización de la estrategia del Estado y la tentación represiva.

El grueso de los mexicanos que se manifestaron buscan justicia y esperan se revierta la inseguridad. Todos rechazamos la violencia y las acciones aparentemente sin sentido de los encapuchados, quienes sólo parecen buscar procrear el caos. No permitamos que unos pocos se alimenten de nuestro dolor. Hay que tener los ojos bien abiertos y el corazón sereno.

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La deuda
Es deber del Estado garantizar la integridad de sus gobernados. La falta de respuestas evidencia la inexcusable ineptitud de las autoridades.
Inestabilidad

Se presupone que para desestabilizar algo se requiere una condición de estabilidad previa, ¿verdad?
Ángel Gallegos ( @gallegoso )