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Políticos de todo México alzaron la voz: No les gusta que les digan chapulines. Les choca el término. Es tan náhuatl y tan despectivo. ¡Intolerable! Y es que nuestra sabiduría ancestral acuñó el término chapulín para referirse a esos insectos que brincan y rebotan como si fueran de hule. Y sí.

Nuestros siempre inquietos políticos campañeantes prefieren que los llamen “grillos” o crickets -que suena mas nais, of course, my dears.

Entonces, para evitar incomodidarlos empecemos por definirlos: Gryllus fulvipennis (grillo, más corriente que común) es el insecto del orden de los ortópteros y la de la familia de los gryllidae. Se alimentan del frondoso follaje del presupuesto público y de los restos de licitaciones que dejan otros carroñeros, ya sean del servicio público o de la iniciativa privada.

Se caracterizan por permanecer escondidos en la hojarasca de la actividad legislativa. También suelen encontrar comodidades en las grietas de los edificios delegacionales y alcaldías de todo el país, así como en rastrojos de dependencias públicas. Ahí permanecen durante 5/6 partes de su encargo. Llegado el momento de las elecciones, nuestros chapulines enamorados toman un impulso inusitado -francamente inexplicable, si consideramos su inactividad previa- y se desplazan de un gran salto al siguiente puesto de elección popular (es un decir eso de popular).

La grilla, como la conocemos coloquialmente, es ese infame oficio de dizque hacer política, pero que en realidad no significa otra cosa que vivir del erario. Porque si bien, en efecto, tenemos burócratas y funcionarios comprometidos y de primer nivel cuyas aspiraciones se reducen a cumplir de modo eficiente su encargo. También tenemos a esos vividores, a los ansiosos que todavía no terminan de medrar una planta para inmediatamente brincar a otra más fresca -no necesariamente más suculenta o gorda- sino a una que les garantice permanecer vivos otros cuantos años.

A esos políticos de desvaídos colores, de inconspicuas dotes, de chatas memorias. A esos políticos que no pueden terminar un encargo y ya se andan apuntando para el siguiente sin el menor asomo de vergüenza. A esos les digo que ni se esponjen. Les van a seguir llamando chapulines (poner link de tus 14 chapulines del Congreso). Y ellos, lamentablemente, van a seguir brincando de uno a otro encargo sin terminar lo que iniciaron.

Resulta sumamente emblemático que 14 de los 16 jefes delegacionales hayan pedido licencia en el Distrito Federal para ir en pos de un prado más verde y follaje más abundante. O para dejarse investigar, como el caso de Iztapalapa.

No hay ley electoral que lo impida y no hay votante que los detenga. Ni modo.

No hay vergüenza

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Tuvo que salir el presidente del PRD en el DF a defender lo indefendible. Raúl Flores, cual prolijo entomólogo, se puso frente a los reflectores y pidió a la Confederación Patronal de la República Mexicana no pasarse de lanza con sus adorados chapulines.

Se trata de su derecho constitucional. Es totalitarismo pretender limitarlos, dijo.

Por su parte, la Coparmex llamó a los empresarios, colaboradores y sociedad a no votar por aquellos que dejan inconcluso su cargo antes de brincar por el siguiente.

“Hemos decidido que no nos gustan los bien llamados ‘chapulines’, por considerar que no se les puede tomar en cuenta como posibles servidores públicos de confianza y que han abusado de la ciudadanía al generar, sin vergüenza, un comercio burdo por alcanzar nuevas prebendas político-económicas, por encima del compromiso adquirido con los electores”, expresó en un comunicado de prensa José Luis Beato González, presidente de la Coparmex en la Ciudad de México.

¿Ustedes que opinan #NoVotesPorChapulines o #UrgeLegislar?

Ángel Gallegos ( @gallegoso )

Gallegoso***NOTA DEL EDITOR: Ángel Gallegos es periodista, egresado de la UNAM. Actualmente es colaborador de portales noticiosos en Internet y desconfía de todo y de todos.